CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Acabábamos de cantar el Pregón para una Pascua pobre, para coro mixto y orquesta, opus 32 de Rodolfo Halffter (1900-1987), cuando se dio la invitación a su casa en compañía de Ana María Pecanins por el vínculo amistoso entre las dos familias.
Allí, por primera vez, oí hablar al maestro de un nuevo lenguaje universal en la música, diciendo:
“Es indudable que la etapa de la música nacionalista ha sido ya superada en todos los países. Esta etapa se caracterizó por el uso del canto popular como elemento fertilizador, y al superarse ha surgido una especie de esperanto musical del lenguaje universal. Entiendo por esperanto musical una serie de recursos sonoros que aparecen en todos los países…”.
Con frecuencia, agregó, es difícil para un oyente inexperto diferenciar una producción actual de Alemania o de México. Sin embargo, un oyente ya especializado sabrá diferenciar una obra de Boulez (1925-2016) de una de Stockhausen (1928-2007), “aunque ambos usen eso que yo he llamado esperanto”. Al preguntarle el por qué, respondió:
“Porque Boulez sigue conservando en su música ciertos rasgos estilísticos característicos de la música francesa y Stockhausen los mismos de la música alemana. Los rasgos que yo llamaría característicos de la música francesa son la precisión del pensamiento musical, la claridad de la textura y la transparencia. Los rasgos característicos alemanes serían todo lo contrario: la densidad de la textura y la complicación contrapuntística. Boulez está en la misma línea estética que Debussy, y Stockhausen en la misma línea que Max Reger.
“Los rasgos característicos de Silvestre Revueltas y de la música mexicana en general son la luminosidad, el ritmo incisivo y claro, y también la concreción de la línea melódica. El acento con el que se expresa ese esperanto musical es lo que diferencia a los compositores de cada país”.
La perspectiva que nos brinda el tiempo evidenció la existencia del esperanto musical, aún en la Torre de Babel del presente siglo. La impronta musical de cada compositor en la diversidad deja huellas lingüístico musicales que resultan complejas pero fascinantes de descubrir, otorgándosele al maestro Halffter la virtud de haberse adelantado a su tiempo.
Creador de pura cepa y orientador fundamental para la comprensión de los nuevos lenguajes que irrumpieron en las salas de conciertos del siglo XX.
Siendo ya una leyenda viviente, el maestro Halffter, heredero de Manuel de Falla (1876-1946), siempre trajo consigo la escuela de los grandes compositores españoles del siglo XX, como Isaac Abéniz (1860-1909) y Joaquín Rodrigo (1901-1999), conviviendo más adelante con los nuevos lenguajes musicales.
Afortunado yo pues en esa época el maestro me abrió su puerta para que obtuviera consejos de orquestación y conociera algunas partituras. Su labor en México fue fundamental, creando organismos de difusión al frente de las Ediciones Mexicanas de Música, y por introducir la música dodecafónica y la música serial (Tres piezas para orquesta fue la primer obra dodecafónica escrita en México). No obstante, él supo mantenerse acorde con su temperamento más cercano al clasicismo y la politonalidad de naturaleza tonal y armónica.
Rodolfo Halffter poseía una personalidad magnética y un aura combativa, producto de la postguerra, combinada con la pasión catalana y una capacidad de asombro que le mantenía joven. Fue ganador del Premio Nacional de Bellas Artes en 1976 de México, y en 1986 recibió el Premio Nacional de Música de España, entre otros. Así, tendió un puente entre la cultura musical europea y mexicana, interactuando con ambas y enriqueciendo el patrimonio de los dos países.
Adalid de una generación combativa, Halffter practicó, en suma, el verdadero esperanto musical con todo su esplendor artístico.