Gustavo Moheno

El mexicano transa en "lecciones para canallas"

Para el director Gustavo Moheno, los males endémicos de México son la estafa y la corrupción, según afirma a Proceso. Amante del cine de rufianes y cintas como El golpe, armó una película con temática de malandrines, mostrando su lado chusco y provocando una reflexión crítica.

Columba Vértiz De La Fuente
Cosió, entre Bovio y Reynaud
Cosió, entre Bovio y Reynaud(Cortesía Gustavo Moheno)

Para el director Gustavo Moheno, los males endémicos de México son la estafa y la corrupción, según afirma a Proceso. Amante del cine de rufianes y cintas como El golpe, armó una película con temática de malandrines, mostrando su lado chusco y provocando una reflexión crítica. Lecciones para canallas es su cinta de estreno como productor, protagonizada por el popular Joaquín Cosío como Barry El Sucio, papá de Jenny (la franco-mexicana Danae Reynaud) y novio de Marisela (la actriz Diana Bovio); este trío une sus talentos con el fin de “vivir de los demás”, aunque no todo salga a pedir de boca...  

CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– El cineasta mexicano Gustavo Moheno estrena en salas comerciales el 1 de septiembre su tercer largometraje Lecciones para canallas (2022), donde por primera vez funge como productor y se adentra al mundo de las estafas en tono de comedia, llevando la actuación estelar el célebre artista Joaquín Cosío.

La película de 105 minutos –con distribución de Cinépolis– es una idea del coguionista Ángel Pulido y del mismo Moheno (Ciudad de México, 1973), quien explica:

“Deseábamos incluir en la historia dos puntos de vista, la adicción al dinero y el amor. El personaje de Joaquín Cosío se llama Barry El Sucio, el cual sólo piensa en obtener efectivo con trampas; pero todas las metas que posee en la vida se ven confrontadas cuando conoce a su hija Jenny (la actriz franco-mexicana Danae Reynaud), pues para ella lo más importante es el amor y por eso busca a su padre tras el fallecimiento de su mamá. Queríamos contraponer esas dos visiones, de alguien que solamente va tras el dinero porque es lo único que le da satisfacción y la de otra persona que ve de una manera distinta la existencia.”

Ante la repentina muerte de su madre, Jenny se aproxima a su papá y descubre que es un estafador que vive con su novia Marisela (Diana Bovio). Para acercarse más a él, Jenny le pide que le enseñe sus mañas. Los tres deciden dar un “golpe” importante y para ello viajan juntos a Puerto Vallarta, pero las cosas no salen de acuerdo a como las planean...

Moheno –realizador de Eddie Reynolds y Los ángeles de acero (2015-Sony), y el remake del clásico de terror de Carlos Enrique Taboada, Hasta el viento tiene miedo (2007-Videocine)– afirma en entrevista que guarda mucho cariño por las películas de rufianes:

“De niño me marcaron cintas como El golpe, de George Roy Hill, con Paul Newman y Robert Redford; Luna de papel, de Peter Bogdanovich, con Ryan O’Neal, y Juego de emociones, de David Mamet. Me gusta mucho el género que, cosa curiosa, no es ajeno a la idiosincrasia mexicana. Definitivamente uno de los males endémicos de este país ha sido y es la estafa, la transa, la corrupción, en fin. Era justo construir una película de estafadores que pudiera retratar a los mexicanos, viéndola desde un lado divertido, aunque también contiene su parte crítica. El filme no es una apología del delito ni de la estafa. La trama propone una reflexión al respecto, justo con el personaje de Danae.”

Y expone Reynaud (Ciudad de México, 1995), quien acudió a los castings para quedarse con el rol de Jenny:

“No hay muchas películas comerciales mexicanas con la situación de las estafas. Lecciones para canallas es diferente. Está bien filmada. Estéticamente es muy linda. Creo que las actuaciones son buenas, la mía quiero pensar que lo es. Se trata de una comedia que invita a reflexionar y no de una manera fuerte, porque es muy accesible, muy amable, ¡eso me gusta!”

Cosío, alma y carisma

Se le recuerda a Gustavo Moheno el dicho popular mexicano “El que no transa no avanza”, y argumenta:

“En efecto, es una frase que utilizamos mucho aquí y yo se la he escuchado decir a muchísimas personas de todos los estratos sociales. Somos una sociedad muy concentrada en la búsqueda del dinero y nos olvidamos de las cosas esenciales de la vida.”

Egresado del Centro de Capacitación Cinematográfica, destaca que Joaquín Cosío fue el actor idóneo para crear a Barry El Sucio:

“Al escribir el guion teníamos en mente a tres actores, y Cosío siempre estuvo en esa tercia, pero no sabíamos si íbamos a poder tenerlo porque siempre su agenda se halla muy apretada. Yo lo quise para Eddie Reynolds y no pudo, así que siempre me quedé ahí con el gusanito. Para esta película de pronto se abrió un espacio en la agenda de Cosío, ya que estaba comprometido con la serie dramática Gentefied de Netflix y en el largometraje El escuadrón suicida, de James Gunn. Entonces le presentamos la oferta.

“Le gustó mucho el guion. Fue un gran regalo para mí como director. Cosío es de un carisma muy especial. Es de ese tipo de actores que puede hacer villanos adorables y no cualquiera lo hace: Barry El Sucio no es un asesino, pero no deja de ser un villano, y él le aporta su alma y carisma.”

Al final, Moheno deja claro que aspira a seguir creando filmes a pesar de los obstáculos para levantarlos:

“Estoy filmando cada siete años. No quisiera que fuera así, pero así se dan los tiempos. Es complicado… pero me apasiona.”

Lecciones para canallas forma parte de los más de 50 proyectos a quienes deben dinero tras haber sido ganadores de los fondos de Inversión y Estímulos al Cine (Fidecine) y de la Producción Cinematográfica de Calidad (Foprocine), ya desaparecidos (Proceso 2388). Al cierre de esta edición, ya le deberían haber pagado a Moheno, si bien aún no sabe cuándo saldrá su dinero:

“El largometraje lo terminamos en enero. Con Fidecine nos tocaron 6 millones de pesos, y ya sólo nos deben 800 mil pesos. ¿Cómo solventamos eso? Haciendo tratos con los amigos en postproducción… Hay gente a la que todavía le debemos ese dinero, pero entraron como socios con la película y nos ayudaron a terminarla… Pudimos utilizar dinero de Cinépolis Distribución para pagar muchos procesos.”

La ambición humana

Joaquín Cosío (Tepic, Nayarit, 1962) cuenta a este semanario cómo lo convenció el argumento de Lecciones para canallas:

“Son unos personajes muy atípicos en nuestra geografía cinematográfica y el elenco fue muy disfrutable. La experiencia de rodarla fue divertida. Es algo que tendría que agradecerle a Gustavo, que me haya dado a Barry El Sucio, un papel tan interesante.”

No es una película violenta, añade:

“El personaje en algún momento dice: ‘Yo no le robo a la gente, la gente me da su dinero’. Su gran talento es vivir de los demás y tratar de vivir de la mejor manera posible. Es un personaje del bajo mundo pero que alcanza a ser, desde mi punto de vista, bastante simpático.”

Con relación a que el tópico de Lecciones para canallas es la dependencia del dinero, explica que “la ambición humana siempre se hace presente en el sentido de buscar proveernos de lo que el dinero puede proporcionar, en una especie de falacia; pero al mismo tiempo el dinero es una realidad, es un factor importante para que uno pueda tener una cierta calidad de vida a la que puede aspirar”. Y agrega:

“Entonces, la lana es un bien necesario por el que uno tiene que vivir. Estoy de acuerdo en vivir con lo necesario. Lo que el dinero puede proveer es una satisfacción casi inmediata y a la acumulación yo no le veo tanto sentido.”

Cosío, quien ha trabajado en alrededor de 40 filmes, revela uno de los secretos de su arte:

“He recreado personajes pequeños y grandes, pero sí que hay un buen número de películas que hemos hecho… Tú te comprometes con un personaje. No puedes realizar un personaje moralmente, digamos, al menos no en mi caso. En algún momento leí que una actriz comentaba que no haría prostitutas ni personajes señalados por la sociedad, y yo pensé: ‘¡Pues te pierdes de lo mejor!’, porque nuestro trabajo, como intérpretes es justamente mostrar a esos personajes complejos que no son necesariamente personajes anodinos, sino todo lo contrario. La idea es elaborar personajes que puedan ser complejos, complicados, y el público pueda sentirse identificado, aun cuando el personaje no sea el mejor del mundo.”

–Para Vicente Leñero, como guionista, el cine influía al cambio de conciencias...

–Sí –enfatiza–, definitivamente el cine se ha convertido en un as... Y ahí está la discusión entre cine de arte y cine comercial, pero qué mejor que cualquier arte sea comercial, en el sentido de que sea consumido por los grandes públicos. ¡Que la gente vaya al cine y acuda de manera masiva! El cine de arte debería ser comercial en ese sentido; construyamos algo que no sea tan críptico, y para todo hay lugar. Pero yo estaría a favor de que el cine sea consumido por el mayor número de personas posibles. La pandemia afectó a las salas, sólo que yo espero volvamos otra vez a este fenómeno insustituible y compartir colectivamente la experiencia de ver una historia en este formato gigantesco que nos ofrece la pantalla cinematográfica.

Al comentársele que es uno de los actores mexicanos más requeridos, bromea al instante:

“¡Es por guapo, qué le vamos a hacer!”

Detalla inmediatamente:

“Soy muy, muy afortunado. Mi hermano me dijo desde muy joven, cuando me vine a la Ciudad de México: ‘¿A qué te vas a la capital si no eres guapo? ¡Ahí no vas a hacer telenovela!, ¡Nunca te van a contratar!’. Bueno, algo de razón tenía… pero finalmente todavía seguimos validando el trabajo del actor.

“Lo importante es actuar de la mejor manera posible. Regalarle al público lo mejor de ti. Llevar a un personaje hasta las últimas circunstancias. Convertirme en un actor es algo que yo agradezco enormemente. Tengo la fortuna de que me han tocado proyectos importantes, que han sido muy vistos y me han permitido construir personajes con los cuales me he divertido mucho. Y esa es la premisa.”

Concluye con su don de gentes:

“Si como actor te diviertes, no tengas duda de que las personas igual se van a divertir contigo.”  

Reportaje publicado el 21 de agosto en la edición 2390 de la revista Proceso cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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