CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– Bajo la idea de brindar información ordenada, desmenuzada y novedosa sobre 10 autoras del siglo XX, la serie “InsurrectAs” de Patricia Rosas Lopátegui recupera, visibiliza y busca romper con los estigmas que envuelven a estas mujeres destacadas.
Se trata de Nahui Olin (Carmen Mondragón), Antonieta Rivas Mercado, Nellie y Gloria Campobello, Guadalupe Dueñas, Josefina Vicens, Devaki Garro, Amparo Dávila, María Luisa Mendoza e Inés Arredondo, en ese orden.
Cada tres-cuatro meses, la editorial Gedisa lanzará a cada una; a la fecha son Nahui Olin, el volcán que nunca se apaga, aparecida en mayo, y de reciente publicación Antonieta Rivas Mercado. Torbellino de voluntades, ambas a disposición en las principales librerías del país.
En video-entrevista, Rosas Lopátegui (Tuxpan, Veracruz, 1954), profesora de literatura mexicana y latinoamericana en la Universidad de Nuevo México, Estados Unidos, y biógrafa de Elena Garro, narra a Proceso que la serie data de 2008, del tiempo en que trabajaba Óyeme con los ojos. De Sor Juana al siglo XXI (2010) y Transgresión femenina (2010).
“InsurrectAs” inició a partir de la docencia –una especie de auto-guía para sus clases–, pero fue tal la avalancha de información que debió detenerla un tiempo, retomándola durante el verano de 2021, en pandemia. Explica:
“Se trata de una compilación exhaustiva donde el lector podrá encontrar la pluma de estas escritoras, entrevistas con ellas, su correspondencia, que resulta trascendental por lo reveladora de la vida, pensamiento y entorno de estas mujeres, así como los textos de crítica a partir de cómo fueron recibidas en su momento, que me parecía importantísimo.
“La importancia de estas escritoras que llamo ‘escritoras fundacionales’ es que rompen con los paradigmas de la opresión del género femenino, el descrédito. La descalificación aún continúa con ellas, como con Nahui Olin, que ‘estaba loca’, ‘dormía con los gatos que mandaba a disecar’, que ‘Antonieta era una mujer débil que no pudo soportar el abandono de Vasconcelos’… que me parecen muy a la ligera.”
–¿Cómo echar abajo estas ideas, en el caso de Nahui Olin en concreto?
–En el primer libro los lectores van a descubrir a una mujer que desde los 10 años se cuestionó la desigualdad de género, es conocida como artista, dibujante, pero también fue escritora, pensadora, poeta, una vena muy poco conocida de ella.
“Hacía reflexiones de tipo filosófico, publicó cinco libros, quizá no fue una escritora de gran aliento, pero así como se dice que rompió con los preceptos patriarcales con su conducta, lo hizo también en su escritura. Porque aunque vive en plena ‘vanguardia’ no le importa que la encasillen, toda su poesía quizá quedó rezagada por ello, pues no encajaba en ningún molde. Y también por ser mujer, dos de sus libros los escribió en francés, uno de ellos Tierna soy en el interior (1923) es un poemario formidable… poemas sensuales con un ritmo y musicalidad, sus poemas están escritos como una lluvia de palabras, donde un verso puede ser una sola palabra, un artículo, una interjección. Me parece muy novedosa”.
Al respecto menciona que en la solapa se recoge unas líneas de la crítica Rosa Rodríguez López, también amiga de Carmen Mondragón –quien estuvo casada con el pintor Manuel Rodríguez Lozano–, en donde se lee: “Nahui-Olin es la escritora más sincera y personal de América Latina. Cuando llegue a ser comprendida su vigorosa mentalidad, será orgullo de la gran nación azteca”.
Además, se recoge un artículo del poeta José Gorostiza, en el que expresa que Nahui era tan original que no encontraba en su obra ningún indicio de otra influencia.
–En el caso de Antonieta está la idea del suicidio por el desamor de José Vasconcelos, que olvida a su hijo…
–Antonieta es un personaje sumamente complejo, hay que estudiar su vida también, quedó impactada por el divorcio de sus padres cuando tenía 12 años; su madre se va con el amante y deja a su familia, y a esa edad toma las riendas de su casa. No es sólo la mujer-albacea del padre que con esa fortuna busca sacar sus proyectos, era un torbellino de mujer que ideaba un proyecto tras otro.
“Cuando se casa y luego a los meses se divorcia, es ella quien pide, lucha por el divorcio y luego por la patria potestad de su hijo, lo termina secuestrando por lo mismo y se va a París, a Burdeos, donde renta una habitación con Toñito en donde la dueña de la pensión se encariña con el hijo. Y cuando Antonieta va a París para hablar con Vasconcelos porque su familia le suspende la pensión, la última esperanza era Vasconcelos. Le pide trabajo para la revista La Antorcha y no se lo da; se ve acorralada por parte de Albert Blair, quien le peleaba al hijo, sumado a que estaba debilitada incluso físicamente porque no comía bien por falta de dinero, y toma una decisión.”
–Para finalizar, ¿qué piensa de “InsurrectAs” y los feminismos que suceden en México, en América Latina?
–“InsurrectAs” me da gusto, porque no aliento la violencia. Sin embargo, a veces la situación es tan exacerbante que me cuestiono: ¿Cómo reclamar? Lo que busco con esta serie es que los jóvenes se acerquen a estas escritoras, quizá piensen que se trata de otra dimensión y prefieren lecturas que hablan de sus circunstancias, pero hay un equívoco, porque sin ellas no habría una lectura construida por mujeres, son deconstructoras, pioneras, y sus cuestionamientos están tan vigentes que nos tocan en todos sentidos.