Con motivo del 90 aniversario del natalicio de Ryszard Kapuscinski se presenta una serie de reflexiones del periodista polaco y de quienes fueron sus discípulos en México, testimonios recopilados en el documental de Ela Chrzanowska, Los Ríos. El viaje a México con el maestro Kapuscinski, filmado en 2016. Se trata de un trabajo que cobra mayor relevancia en el contexto actual, donde la prensa es blanco de ataques desde diversas esferas de la vida pública.
CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).– “Viven en el Edén y, sin embargo, 80% de la población mundial no tiene acceso a él. El hambre no es necesariamente la causa de esta desigualdad. A veces consideramos a la pobreza y al hambre como sinónimos. Sin embargo, la Biblia nos dice que ‘no sólo de pan vive el hombre (…)’. Una persona puede ser pobre, no por la falta de comida, sino por la falta de respeto, porque es menospreciada, ignorada u odiada.
“La pobreza es una enfermedad social que hace que una persona se sienta atrapada sin tener una forma de salir de su condición actual. Esta persona no tiene idea de cómo pasar del estado de pobreza al estado de abundancia. Le presto mucha atención a este tema porque uno de los síntomas de la pobreza es el quedarse callado. La pobreza es la incapacidad de expresarse uno mismo. Los pobres no tienen voz, no son respetados ni tolerados. Alguien tiene que hablar por ellos.”
Esas palabras de Ryszard Kapuscinski fueron publicadas en el libro: Dándole voz a los pobres, conversaciones con los jóvenes, que reúne una clase magistral, así como las charlas con estudiantes de la Universidad de Bolzano, Italia, en su última actividad en el extranjero, palabras en las cuales manifestó una vez más su compromiso de vida: hablar por los pobres.
Ryszard Kapuscinski nació el 4 de marzo de 1932 en Pinsk, Polonia (hoy Bielorrusia). Hubiera cumplido 90 años el pasado viernes 4. No alcanzó a cumplirlos: falleció en Varsovia en 2007.
Su trabajo periodístico, literario y su compromiso social siguen presentes en quienes lo conocieron, entre quienes fueron sus discípulos y en aquellos que conocen y leen sus obras. Hoy día aún es recordado por periodistas que aprendieron de él, por militantes y gente convencida de su defensa por la verdad, la justicia, el derecho y la equidad.
Su obra debería ser replicada por periodistas para que se recupere para las nuevas generaciones del mundo periodístico. Ya que sigue siendo necesario dar a conocer las condiciones en que viven las poblaciones más marginadas en nuestros países, los abusos que esos pueblos sufren, sus luchas contra el poder. En ese sentido, la función de reporteros-escritores-investigadores con las convicciones éticas que tuvo Kapuscinski respecto de la labor periodística, son determinantes en la búsqueda de un mundo mejor.
Kapuscinski cubrió como corresponsal de prensa países de Asia, África y América Latina. Fue reportero para la Agencia Polaca de Prensa (PAP). Con esa tarea llegó a lugares que vivían el proceso de descolonización, revoluciones y golpes de Estado; además, dedicó buena parte de su actividad a escribir obras literarias donde daba la voz a la población que luchaba por su dignidad, por tener derecho a elegir su gobierno, a conformar sus países y preservar su cultura.
El trabajo de Kapuscinski no sólo fueron las notas periodísticas, también escribió libros que fueron reportajes de profundidad en un estilo literario que algunos estudiosos han caracterizado como: literatura faktu, género que presenta personajes y eventos auténticos, relatos creíbles basados en hechos y materiales recopilados, que combina objetividad e informatividad con textos profesionales. El propio Kapuscinski definió su obra como: “Una literatura de collage en la que se reúnen el periodista, el escritor, el historiador y el filósofo”.
El Tercer Mundo
Desde muy joven Kapuscinski cubrió en su trabajo periodístico movimientos revolucionarios, el proceso de la descolonización en África, que él llamó: “La invasión del Primer Mundo por el Tercer Mundo”. A este respecto en una entrevista dijo:
“Me gustaría que mis libros sirvieran para que los lectores del siglo XXI comprendieran lo que ha sido el nacimiento del Tercer Mundo, la llegada al poder y la soberanía de sociedades míseras, rurales e iletradas; un fenómeno sin precedentes que va a cambiar la mentalidad y el modo de vivir en todos los países.”
Agrega Kapuscinski: “Me fascina el fenómeno de la invasión de las sociedades avanzadas por parte del Tercer Mundo; el futuro es multirracial…”.
En efecto, el llamado “Tercer Mundo” se ha rebelado y va adquiriendo posiciones. Los periodistas que asumen una responsabilidad en la denuncia, la investigación, la nota, el reportaje, que muestren evidencias de abusos, de criminalidad, de corrupción, son fundamentales. Quizá hemos pasado de los esquemas tradicionales de información sustentado en periódicos y noticiarios, al tuit, a las redes sociales, a los videos cortos que cualquier ciudadano puede subir al ciberespacio, pero que no sustituyen, de manera alguna, los procesos serios de investigación que revelan lo que no siempre está a simple vista.
El trabajo de Kapuscinski para la PAP consistía en enviar noticias de los sitios en donde era corresponsal, pero, para él, esa actividad no era suficiente, así que escribió libros –algunos traducidos a varios idiomas, editados y publicados en diferentes países y ediciones– en los cuales recopiló información, experiencia, testimonios que cubrieron la misión que se marcó, de dar a conocer esa realidad, esos procesos de liberación, establecer una empatía con los países colonizados que luchaban por su liberación.
Como parte del trabajo periodístico de Kapuscinski, y después de su impresionante experiencia en Asia y África, publicó los libros: Ébano, El emperador, La guerra de Angola, La guerra del futbol, El imperio y El sha o la desmesura del poder.
Fue enviado a México, radicando aquí entre 1968 y 1972, cubriendo las notas para América Latina, siendo el único enviado de esa agencia para esta parte del mundo.
Llegó primero a Chile, donde aprendió, en tres meses, el idioma español; porque aprender el idioma del lugar en donde se encontraba le resultaba de gran importancia para entender al otro; así, Kapuscinski llegó a hablar siete idiomas. Parte del ejercicio de aprendizaje de esta lengua fue hacer una traducción propia al polaco del Diario del Che en Bolivia.
América lo impactó. En La guerra del futbol hace una descripción de esta tierra, de la fascinación que le causó, un texto en prosa, que bien podría ser un poema:
“Allí todo es exceso y desmesura; todo tiende a imponérsenos, conmocionarnos, aplastarnos. Como si estuviésemos mal de la vista, del oído y del olfato, y, por lo tanto, fuéramos incapaces de percibir formas modestas y moderadas. La selva, inmensa (Amazonia); las montañas, gigantescas (los Andes); la llanura, infinita (la pampa); el río, el más largo del mundo (el Amazonas). La gente, de todas las razas y todos los colores habidos y por haber: blancos, rojos, negros, amarillos, mestizos, mulatos.
“Las culturas, variadísimas: la india, la anglosajona, la española, la portuguesa, la francesa, la hindú, la italiana y la africana. Tendencias y partidos políticos, los posibles y los imposibles. Exceso de riqueza y exceso de miseria. Gestos solemnes y lenguaje florido (profusión de adjetivos). Mercados, mercadillos, tenderetes, escaparates, todo abarrotado, aplastado por frutas, verduras, flores, ropa, ollas, herramientas; todo brota de la tierra, de las piedras, y crece, y se multiplica en los mostradores, en las manos, en 100 colores chillones que contrastan, chocan y estallan.
“Un mundo que no se puede atravesar con la cabeza fría y el corazón indiferente. Indefensos lo recorremos dificultosamente y con la misma sensación de extravío que experimenta quien contempla los murales de Diego Rivera o lee la prosa de Lezama Lima. Lo real se mezcla con lo fantástico, la verdad con el mito y el realismo con la retórica.”
En América, dice, “pasé mucho tiempo abriéndome paso entre tamaña exuberancia… antes de poder llegar al ser humano y sentirme como en casa entre la gente, conocer sus dramas, sus fracasos, sus estados de ánimo, su romanticismo, su sentido del honor y de la traición, su soledad.”
El viaje a México
Nicolás Alvarado destaca este aspecto de Kapuscinski: su lado de poeta, cuando dice: “Antes que periodista, Ryszard Kapuscinski fue poeta. Y con ello quiero decir exactamente lo que parece: que acaso haya sido ‘el mejor reportero del mundo’ o del siglo XX –hipérbole vacua e imposible de verificar que, sin embargo, apunta al arrojo, la inteligencia y el afán moral con que ejerciera el periodismo– o incluso el ‘Heródoto de nuestros tiempos’ –lo que validaría su concepción del trabajo periodístico como estudio ‘de la historia en el momento mismo de su desarrollo’– pero que, en esencia, la pluma de Kapuscinski es la de un poeta.
“Y con ello no pretendo subrayar la calidad literaria de sus escritos, su lugar en el panteón de los grandes escritores del siglo XX parece ya más que garantizado, por lo que poco o nada necesita de mis loas, sino meramente consignar que la perspectiva desde la que miraba todo: los hombres, los hechos, la historia, fue siempre la de un poeta.”
Sus libros son producto de años de investigación y de su interés en involucrarse en la realidad, la mentalidad y luchas de los pueblos, y movimientos reivindicativos que vivió muy de cerca en su labor periodística.
Su primer libro publicado en español fue editado en México en 1977 por la editorial Nueva Política, bajo el nombre de La guerra de Angola; y un año después publicó La guerra del futbol; sobre este trabajo dice Kapuscinski:
“La situación en que me hallé al aceptar el destino encerraba una contradicción fundamental. Por un lado, al viajar de un país a otro, de un continente a otro, fui descubriendo un mundo fascinante, inmensamente rico, desconocido el día anterior y ni siquiera imaginado; y por el otro, la herramienta de transmisión de que disponía, el despacho de prensa, por fuerza lo reducía todo a una superficial abreviatura en la que no cabían la enorme riqueza, la otredad y la plenitud de ese mundo.
“Corroído por aquella sensación de carencia, de lo reduccionista e, incluso, banal que se me antojaba el periodismo de agencia de prensa (gracias a la cual, sin embargo, me podía costear los viajes), empecé a escribir libros. Ahora constituyen una especie de segunda parte de un díptico. La primera –mis boletines de noticias enviados desde Asia, África y América Latina– yace apilada en alguna estantería del archivo de la PAP.”
Mentor de muchos periodistas mediante los talleres que impartió, Kapuscinski dijo en uno de ellos:
“Para comprender una cultura ajena hay que internarse y asentarse en su tierra. Sólo así podrá captarse en esa otredad.”
Después de dejar la corresponsalía de América Latina, que cubría desde México, regresó a Polonia, donde colaboró con la revista de reportajes Kontynenty y a la escritura de sus siguientes libros, entre ellos El imperio, en el cual retrata a la Unión Soviética y, tras de su caída, a Rusia y a los países con los que se formó el gran imperio. En una entrevista dijo: “Ahora en Rusia tenemos un clásico modelo latinoamericano, con un gobierno civil manejado por las fuerzas militares”.
Hoy día vemos a dos imperios, el ruso y el estadunidense, luchando por una de las antiguas colonias del imperio soviético: Ucrania.
Posteriormente, Kapuscinski regresó a México invitado por la Fundación Gabriel García Márquez para el Nuevo Periodismo Latinoamericano, a impartir talleres, en 2001, en la Universidad Iberoamericana.
Varios periodistas asistieron a esos cursos y posteriormente ofrecieron testimonio en una entrevista de historia oral, que fueron recopiladas como parte del proceso de producción del documental de Ela Chrzanowska, Los Ríos. El viaje a México con el maestro Kapuscinski, filmado en 2016.
Entre los periodistas asistentes a los cursos, Alejandro Almazán señala en esa entrevista los aprendizajes más importantes que recibió de Kapuscinski, que fueron la humildad, la denuncia a la violación de derechos y la honestidad. Dijo en su entrevista: “La prepotencia, la soberbia te va a ayudar en algunos momentos de tu vida, pero la humildad te va a ayudar siempre.”
Y señalando la situación en México por la guerra contra las drogas, acotó: una de las cosas que tenía Kapuscinski, y es a lo que aspira el cronista, no solamente ir a describir, sino entender y explicar a la gente lo que está pasando. ¡Ojo! ¡Hey! ¡Así es la situación! Yo creo que sin duda Kapuscinski terminaría diciéndonos: ‘Miren, la situación es ésta’.”
Enseñanza a través del ejemplo, a través del compromiso, a través del riesgo, a través de su ética profesional fue lo que dejó en los periodistas con los que trabajó en sus talleres, con los que han leído su obra.
Pedro Valtierra, reconocido fotógrafo le recuerda: “Yo pienso que Kapuscinski no ha muerto, y no lo digo para salir del paso, pero cuando lo lees, lo sientes cercano. Me lo imagino en las oficinas de Varsovia, de la agencia, me lo imagino viajando en África y siempre con su cuaderno de apuntes, es lo que siempre traía. Creo que son de los periodistas que tenemos que recordar. Porque su trabajo sirvió y sirve mucho al mundo”.
La vigencia de la contribución de Kapuscinski al mundo periodístico, y su compromiso ético y profesional de hacer investigaciones serias y comprometidas, no sólo narrar hechos, sino analizarlos y hacer investigaciones y síntesis que colaboren a la reivindicación de derechos, es el reto para el periodismo de hoy.