La afectación a una parte del acueducto que forma parte del conjunto conocido como Baños de Nezahualcóyotl –robo de piedras prehispánicas para la construcción de vivienda– mostró la ausencia de un proyecto de investigación y mantenimiento de una zona arqueológica y paisajística que el rey-poeta cultivó como sitio extraordinario, hoy ajeno a la conciencia general. Y generó un programa para su restauración, que explica el director del Centro INAH-Estado de México. CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- La destrucción, el pasado 16 de julio, de un tramo del acueducto del complejo hidráulico y arquitectónico Cerro de Tetzcotzinco –cuyos orígenes se remontan al antiguo señorío de los acolhuas, que alcanzó su máximo esplendor con el rey-poeta Nezahualcóyotl– puso en evidencia diversos problemas de conservación y manejo de la zona. Por principio de cuentas, la falta de un proyecto de investigación y mantenimiento de todo el conjunto, conocido como Baños de Nezahualcóyotl, que impida su constante deterioro; seguida, además, de una diversidad de formas de propiedad, entre ellas la federal en la zona arqueológica delimitada y declarada como tal por decreto presidencial de 2002, y ejidal y comunitaria en sus alrededores. El arqueólogo Antonio Huitrón Santoyo, director del Centro INAH-Estado de México, relata que, tras recibir la denuncia de daños, un equipo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) acudió al sitio a elaborar un dictamen. Se constató que fueron provocados por una maquinaria pesada de excavación al realizar obras de liberación en una parcela del municipio de Santa Catarina del Monte, sin autorización del instituto. “Afectó sistemas constructivos de la época prehispánica y parte del sistema hidráulico conocido como el acueducto, en el sitio arqueológico de Caño Quebrado, que está inscrito en el registro público. Es un monumento arqueológico ubicado al sur poniente del polígono de la zona de monumentos decretada en 2002.” Al día siguiente, 17 de julio, el INAH presentó una denuncia de hechos ante la Unidad Especializada en Investigación de Delitos Contra el Ambiente y Previstos en Leyes Especiales de la Fiscalía General de la República (FGR), en donde se abrió una carpeta de investigación por probable afectación de monumentos arqueológicos. Detalla el arqueólogo que esta afectación se dio en una superficie de 145 metros cuadrados, fundamentalmente en los sistemas constructivos del acueducto. Y si bien no está dentro del polígono de 122 hectáreas decretado en la administración de Vicente Fox, cualquier daño a un monumento, por mínimo que sea, “así sea una muesca”, se considera irreparable. Enseguida desglosa el programa que comenzaron a estructurar para la restauración del acueducto, que involucra tres ámbitos: El seguimiento a la denuncia ante la FGR, el fortalecimiento de los mecanismos de protección de los sitios arqueológicos y el tercero, el impulso a mecanismos de gobernanza y comunicación entre instituciones, pobladores y organizaciones sociales que contribuyan a la conservación. En el rubro de mecanismos de protección, el especialista recuerda que el sitio tiene tres niveles: En 2001 se delimitó un polígono de 7 mil hectáreas, como área natural protegida a nivel estatal, con la denominación Sistema Tetzcotzinco. El segundo nivel de protección involucra la Zona de Monumentos Arqueológicos con el mismo nombre, en 122 hectáreas. Y el tercero es el sitio o monumento de Caño Quebrado, con un polígono de 2 hectáreas.
Fragmento del reportaje publicado en la edición 2286 de la revista Proceso, ya en circulación.