La Habitación: El infierno del secuestro

Luciano Campos Garza

MONTERREY, NL (apro).- En “La Habitación” (Room), Ma (Brie Larson) vive el infierno del secuestro. Está encerrada con su hijo, Jack (Jacob Tremblay), de cinco años, a quien tuvo en cautiverio. La estampa de la sevicia es atroz: su raptor la utiliza para saciar sus apetitos. El niño cree que el universo es el habitáculo donde ha crecido y no comprende las escenas de intimidad de los adultos que es obligado a presenciar. ¿Qué pasa cuando los dos tienen la oportunidad de salir al mundo? Basada en la novela de Emma Donoghue, quien también escribe el aclamado guión, la película es una pequeña bola de fuego, cargada de emociones contenidas, que no encuentran manera de estallar. Qué gran ofuscación es contener una catarsis anhelada, como le pasa a estas víctimas, al obtener salvación. Sencilla en producción, pero intensa en drama, es una historia que cuestiona la necesaria adaptación del género humano a su entorno. No en todos los casos, una persona se ajusta a un ambiente nuevo. “La Habitación”, con su propuesta insólita, presenta nuevas interrogantes sobre la naturaleza de la persona. El comentario social es obligado, sobre las condiciones que generan la existencia de monstruos como el secuestrador, que mantiene a madre e hijo en una habitación de tres metros cuadrados. Pero también responde a situaciones que no se han visto. La mujer crea un mundo de fantasía, para mantener ocupado al chico y para alimentar su curiosidad insaciable. El pequeño cuestiona todo, al punto en que es imposible en que ella se mantenga indiferente a una situación que podría prolongarse hasta la eternidad. Algo tiene que cambiar. El arriesgado plan que ella urde contiene los 20 minutos más tensos en años recientes en el cine. La desesperación convierte el absurdo en un recurso, y en posibilidad de escape la única opción por la que vale la pena apostarlo todo. La habitación es como un útero podrido, del que deberán emerger. El niño es como un nonato, que comienza a ubicarse en un mundo desconocido y que ha percibido únicamente a través de un triste monitor de TV. Ella deberá reencontrar todo lo que dejó de ver por años y será forzada a encontrar un regreso a la vida, como si resucitara de entre los muertos. En una situación así, no sólo deben obtener una renovada existencia. También son lanzados a vivir la odisea cotidiana de la vulgar cotidianeidad. Aprender a caminar por la calle, a acudir al supermercado, a convivir en sociedad, como una nueva condición de libertad que, por desconocida, parece un milagro. Larson está superior, en su papel de víctima inocente. Su ferocidad como madre la hará que enfrente una realidad que despiadadamente la trata. El culpable puede irse al infierno pero afuera del cuarto no hay culpables de lo que les ocurre. Solos contra el mundo deberán madre e hijo encontrar una forma de adaptarse a un entorno que los recibirá con simpatía, pero en el que no saben cómo comportarse. El niño Tremblay tiene una participación excepcional, como el pequeño gran afectado de la crueldad. La Habitación es un denso drama sobre el secuestro y sus inesperadas consecuencias.