Mundial 2026

La Selección Mexicana en el Mundial 2026 no está para hacer historia

Ya tenemos las pistas suficientes para saber qué esperar de México. Aunque tampoco puede ni debe subestimarse el posible impacto emocional que representa disputar un Mundial en casa. Muchas veces el futbol es un estado de ánimo.

Ricardo López Si
Los 26 de Javier Aguirre
Los 26 de Javier Aguirre(FMF)

La espera, no sin turbulencia de por medio, terminó. Javier Aguirre dio, finalmente, la lista de 26 futbolistas convocados para disputar la Copa del Mundo 2026. 

Lo primero que hay que establecer en cualquier ejercicio de estas características, es que no hay un manual de buen seleccionador. Contrario a lo que se dice a la selección no deben ir los mejores sino quienes mejor se adaptan al plan de turno. Hay, eso sí, aspectos que los entrenadores consideran y ponderan a la hora de tomar las decisiones. ¿Qué debe influir más o menos? Ahí radica el misterio que envuelve al criterio de cada seleccionador. 

Algunos le conceden mayor importancia al encaje de los futbolistas en un sistema en particular. Otros a la capacidad de los propios futbolistas de adaptarse a distintos escenarios. Muchos buscan jugadores que abracen con absoluta convicción la idea y mantengan la armonía en el vestuario. Hay quienes privilegian más el talento natural que el estado de forma, por ejemplo. O quienes, como en el caso de Javier Aguirre, le confieren una gran importancia a la liga en la que compiten los elegibles, sean o no indiscutibles para sus clubes. Nunca, no sobra decirlo, hay un equilibrio perfecto entre todas estas variables. Está en cada entrenador asignarle un peso mayor o menor a cada una de ellas. 

Hecho el matiz, vayamos al análisis línea por línea en función del perfil de jugador y la expectativa que puede haber en torno a su presencia en la nómina mundialista y en el sistema predominante: el 4-3-3.

“Tala” Rangel y su importancia en la propuesta

Con la lesión de Luis Ángel Malagón, el camino quedó pavimentado para que Raúl “Tala” Rangel se convirtiera en el titular indiscutible. Aquí conviene establecer que la presencia de Rangel se explica, fundamentalmente, por su gran juego de pies y su influencia en los primeros pases. 

El proyecto de Gabriel Milito en Chivas ha terminado por potenciar su gran sensibilidad asociativa, aspecto que también ha ponderado Javier Aguirre y su cuerpo técnico que es clave en la Selección Mexicana. Quizá el único reproche posible al “Tala” es que no ha podido paliar las dudas en torno a su capacidad para mantenerse alejado de ciertas desconexiones, tanto con balón, a la hora de darle rienda suelta a su creatividad, como en su fiabilidad a la hora de imponerse en momentos de asedio. 

En segundo y tercer orden de jerarquía están Guillermo Ochoa, quien está por presentarse a su sexta Copa del Mundo, y el debutante Carlos Acevedo. Se podría decir que ambos son el mismo corte de portero: grandísimos atajadores bajo palos con problemas para gestionar su área e involucrarse en la salida de balón. En caso de que Rangel genere dudas, es bastante probable que Aguirre se decante por la experiencia y el intangible de Ochoa como póliza de seguro. 

Johan Vásquez, la certeza competitiva de la zaga

El único jugador que no tiene reemplazo natural en la nómina es Johan Vásquez, el capitán del Genoa de Italia. Su rol como central zurdo —el único en toda la convocatoria— es fundamental en fase de construcción, como el primer pase en el lado fuerte en ataque (el izquierdo), y en fase defensiva, ya sea anticipando en campo contrario o replegando en campo propio.

El central derecho, según lo visto durante el proceso, debería ser César Montes, jugador del Lokomotiv de Moscú. Montes tiende al error cuando va al corte, pero es un perfil extremadamente valorado por Aguirre desde varias ópticas: su talla física, su agresividad en los duelos y su golpeo largo en diagonal. Las alternativas a Montes son Israel Reyes, que está considerado para jugar como lateral derecho, y el capitán Edson Álvarez, que hasta hace no mucho tenía garantizado su sitio como mediocentro. 

 "Tala" Tangel, primera oportunidad mundialista. Foto: X / @miseleccionmx

En las laterales, Jesús Gallardo, por izquierda, e Israel Reyes, por derecha, están por delante de Mateo Chávez y Jorge Sánchez. Aquí es importante puntualizar que el lateral derecho en el sistema de Aguirre suele fungir, más bien, como un tercer defensor y el izquierdo como un jugador que gana mucha altura en fase ofensiva. 

Las dudas del centro del campo

El dramático semestre que ha tenido Edson Álvarez en Turquía ha obligado a explorar otras rutas a Javier Aguirre en la posición de mediocentro: desde Erick Lira, el postulante con mejores prestaciones, hasta Luis Romo, que también puede jugar como líbero en línea de tres centrales. Incluso, si se necesita, Obed Vargas, centrocampista del Atlético de Madrid cuya posición ideal es la de interior, podría ver minutos ahí. 

Edson, que en plenitud física es un garante competitivo cortando progresiones rivales, nunca se ha distinguido por ser un jugador con la suficiente agilidad para marcar el ritmo en la base. Un aspecto en el que Lira, sin ser un organizador virtuoso, lo mejora sustancialmente. 

Los dos puestos de interiores tampoco tienen un dueño claro. Por izquierda, pensando en que es el perfil más posicional para dirigir el juego, el golpeo de Luis Chávez es diferencial. Aunque en esa misma posición hemos visto a Brian Gutiérrez, que tiene más herramientas de atacante que de centrocampista. Todo esto considerando que en ese rol fue que Álvaro Fidalgo dominó la Liga MX a placer con el América, aunque incomprensiblemente Javier Aguirre lo ha utilizado más en derecha y a una altura superior.

Del otro lado está por verse si Aguirre se entrega al emocionante Gilberto Mora —que en realidad ejerce el rol de enganche tocando un poco de banda y que también es mejor partiendo de la izquierda —, insiste con Fidalgo recibiendo más arriba de lo habitual, libera a Gutiérrez —que ha visto minutos en ambas bandas— para que dinamice los ataques o apuesta por Vargas para dar más estructura. 

Johan Vásquez, la estrella de la Selección Mexicana. Foto: X / @miseleccionmx 

La baraja de atacantes

Asumiendo que Raúl Jiménez —con esa gran capacidad para crear juego y mezclar con los centrocampistas— es el titular indiscutible, el rol de Armando González, Santiago Gimenez y Guillermo Martínez parece estar acotado a escenarios más específicos, sobre todo en planes de emergencia para doblar la apuesta y cargar el área.

Julián Quiñones, partiendo de izquierda para cerrar como segundo delantero, podría ser una amenaza real para un Alexis Vega aquejado, otra vez, por algunos problemas físicos. La ventaja para Vega es, además de su gran capacidad de improvisación, la sinergia que ha creado con Jesús Gallardo en la banda izquierda de Toluca, algo que perfectamente se puede trasladar a selección.

En el otro extremo parte con ligera ventaja Roberto Alvarado, quien, pese a ser un jugador para ir por dentro y dominar con balón, ha demostrado que puede cumplir con el sacrificio defensivo a nivel recorridos en banda que exige el sistema. 

Detrás de él está Orbelín Pineda, que suele cumplir más un rol de centrocampista que de atacante. Como comodín, para agitar en cualquiera de los dos extremos, Javier Aguirre se decantó por César Huerta, pese a no haber contado para el Anderlecht de Bélgica durante casi todo el semestre por una pubalgia. 

Queda la sensación de que México, bajo la actual configuración, necesita versiones extremadamente inspiradas de sus interiores y extremos para que el plan fluya. Si bien no le sobra talento, es una nómina con perfiles que, bien aprovechados, puede ser capaz de encadenar buenas secuencias de pase y sostener momentos de presión en zonas altas.  

¿Para qué está México? Para lo que sus talentos más especiales (Jiménez, Mora, Fidalgo, Gutiérrez, Vega) determinen. Está en el cuerpo técnico identificar escenarios favorables y otorgarles las herramientas para que rindan al máximo de sus posibilidades ante rivales que, casi con total certeza, van a ceder la iniciativa. 

Ya tenemos las pistas suficientes para saber qué esperar y qué no esperar de México. Aunque tampoco puede ni debe subestimarse el posible impacto emocional que representa disputar un Mundial en casa. No parece estar al alcance la receta para hacer historia, pero muchas veces el futbol es, más que una teoría, un estado de ánimo. 

Los rivales

Sudáfrica, el rival contra el que México hará su debut el 11 de junio, es un equipo difícil de predecir. En el contexto de su región es una selección que suele promediar porcentajes altos de posesión con Teboho Mokoena como motor desde el centro del campo, aunque también le gusta correr en escenarios concretos.

Edson Álvarez, experiencia y dudas. Foto: Facebook / Selección Nacional de México

A diferencia de otros representativos africanos, su base está conformada por futbolistas de la liga local, especialmente del estimulante Mamelodi Sundowns, la última gran revelación del Mundial de Clubes en términos de juego asociativo, y el Orlando Pirates, campeón doméstico contra todo pronóstico. Su estrella, el delantero Lyle Foster, del Burnley de Inglaterra, pasa por horas bajas.

Corea del Sur, por su parte, tiene menos argumentos para amenazar. Con la misma base del mundial anterior y un Heung-min Son asomándose al crepúsculo, sus aspiraciones pasan por juntar al propio Son con Kang-In Lee, del PSG de Francia, y el que logre hacerse del otro puesto de mediapunta entre Jae-Sung Lee, del Mainz de Alemania, Yang Hyun-jun, de gran curso con el Celtic de Escocia, y Hwang Hee-chan, del Wolverhampton de Inglaterra. 

Es, como se ha visto en distintos escenarios con esta generación de futbolistas, un equipo de ritmo alto al que le cuesta activarse en otra dinámica de partido que no sea la de atacar los espacios en largo. No sobra decir que, pese a tener a Kim Min-Jae, defensor del Bayern Múnich, no transmite una gran fiabilidad en zona baja.

Sobre República Checa, el último rival de la fase de grupos, es pertinente establecer que aspira a ser el equipo que más incomode a México con su propuesta defensiva. 

Con una línea de cinco muy física y un doble pivote ortodoxo, su única vía de escape pasa por el notable mediapunta del Olympique de Lyon, Pavel Sulc, y el delantero del Bayer Leverkusen, Patrick Schick. Dos nombres que tienen un nivel de talento muy superior al resto.