CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Mientras termina de leer este párrafo, al menos dos menores de edad habrán sido víctimas de abuso sexual en algún lugar de México. Además de enfrentar una crisis de seguridad generalizada, el país ocupa los primeros lugares a nivel mundial en abuso sexual infantil (ASI) entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE).
Los datos, presentados durante un evento de la asociación Infancia Libre de Abuso Sexual (ILAS), revelan que hay más de dos millones y medio de menores mexicanos abusados al año, con un promedio de cinco víctimas por minuto.
Ante un panorama de impunidad, donde de acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) sólo el 1% o 2% de los delitos terminan en sentencia, se creó VigIA, una herramienta de inteligencia artificial (IA) cuya promesa es "llegar antes" y prevenir casos, aunque a su vez abre un debate sobre la privacidad, el control parental y la responsabilidad social.
VigIA fue presentada en el Museo de Memoria y Tolerancia el 26 de mayo último. La plataforma, impulsada por ILAS y su cofundadora, la activista Dafna Viniegra, es un agente de IA que monitorea conversaciones en tiempo real en dispositivos como celulares, tabletas y relojes inteligentes.
Dafna Viniegra (der.), cofundadora de VigIA. Foto: Daniela Reséndiz Quiroz.
A diferencia de otras aplicaciones, VigIA analiza patrones de riesgo, lingüísticos y contextuales, para detectar grooming, bullying y otros tipos de violencia. "Es un sistema de monitoreo ambiental que genera un cerco digital a las infancias", explicó Viniegra a Proceso, subrayando que el objetivo es la detección temprana de ASI.
La herramienta de IA, disponible para el sistema iOS (Apple) y Android (Google), fue entrenada con ayuda de terapeutas, especialistas y organizaciones civiles, quienes determinaron lo que serían los patrones de riesgo. Al descargar la aplicación se deben seguir las instrucciones para vincularla con los dispositivos deseados.
Sin embargo, el uso de la tecnología trae consigo cuestionamientos respecto a la protección de datos y el extremismo. Durante la presentación, la abogada Yanci Varas afirmó que "cuidar nunca va a ser exagerar", una idea que, si bien podría ser comprensible en México, donde los abusadores suelen ser alguien cercano —familiares o amigos—, también podría tocar la delgada línea de la hipervigilancia.
Ante estas inquietudes, el publicista y socio fundador de la agencia Made, Cristian Rocha, quien estuvo involucrado en el desarrollo de la herramienta, contó a Proceso:
"Nos dimos cuenta de que no había nada invasivo; no es un humano el que está escuchando. Es una tecnología. No es que esa inteligencia artificial pueda soltar la información a diferentes personas. El único humano es el niño y sus padres". Rocha argumenta que, en un mundo donde ya estamos rodeados de dispositivos que nos escuchan, usar esa capacidad con un "propósito" es un avance.
Que la implementación de la herramienta funcione en el panorama actual podría ser complejo. Aplicaciones de localización en tiempo real, como Life360, han derivado en casos de hipervigilancia que empuja a los adolescentes a conductas de riesgo, como dejar sus dispositivos en lugares aleatorios para evadir el control parental, quedando en una doble vulnerabilidad al estar incomunicados.
Rocha admite que "no se puede obligar a nadie"; si un menor, como los adolescentes de entre 14 y 17 años que comienzan a tener visiones más críticas, decide desinstalar la app, el sistema simplemente avisará al padre, dejando la solución nuevamente en el diálogo, que muchas veces está fracturado por la desconfianza familiar.
Para evitar errores técnicos como los falsos positivos, VigIA envía la transcripción y el audio a los padres para que ellos determinen si el contexto realmente corresponde a un patrón de riesgo. Pero hay otro cuestionamiento: la solución vuelve a recaer en que la víctima modifique su cotidianeidad.
La herramienta se basa en el monitoreo al menor, en su cerco digital, mientras que los agresores operan cobijados por la impunidad social y jurídica imperante en el país. En panoramas tan complejos como el caso de México, donde la problemática tiene raíces estructurales, resulta más sencillo instalar una aplicación que desarticular las redes de encubrimiento familiar y la ineficacia de las autoridades.
En la presentación de VigIA, el experto en materia de trata de personas y derechos humanos, Emilio Maus, de la Fundación Freedom, advirtió: "Nos enfrentamos a una problemática enorme (...) las autoridades están rebasadas". Mientras el periodista Otoniel Martínez acusó el "mal manejo" de los propios medios de comunicación, que suelen revictimizar a las familias y centrarse en el morbo más que en la prevención.
VigIA pretende ser un aliado y componente, pero se desarrolla en un contexto lleno de lagunas que están por encima de la tecnología; sin campañas de sensibilización y una educación sexual integral —temas que la activista Saskia Niño de Rivera calificó como tabúes necesarios de romper—, será difícil obtener los resultados esperados.
Dafna Viniegra, quien convirtió su propia experiencia en activismo, sostiene que la comunicación es la clave para que VigIA no se sienta como espionaje. Sin embargo, los obstáculos técnicos y humanos prevalecen.
Equipo de colaboradores de la IA. Foto: Daniela Reséndiz Quiroz.
VigIA cumple con marcos legales internacionales como la Ley de Derechos de Acceso, Rectificación, Cancelación y Oposición (ARCO) en México y la Ley de Protección de la Privacidad Infantil en Internet (COPPA, por sus siglas en inglés) en Estados Unidos. Sus desarrolladores aseguran que no hay venta de datos y que la información está cifrada. "Entonces, no hay un peligro como tal. Incluso me atrevería a decir que es de las grandes noticias que puede cambiar la percepción de la gente, puede venir”, sostuvo Rocha.
Aun así, la implementación práctica en un país con brechas digitales y desigualdades podría plantear riesgos de exclusión. ILAS busca alianzas con telefonías para que el uso de la app no consuma datos, buscando que la seguridad no sea un privilegio.
VigIA nace de una necesidad nacional urgente: proteger a niñas, niños y adolescentes en un país donde el abuso sexual infantil ocurre, muchas veces, dentro del círculo más cercano. Pero ¿hasta dónde puede llegar la vigilancia en favor de la protección?
La herramienta promete detectar riesgos, aunque para hacerlo necesita entrar en espacios tradicionalmente íntimos, conversaciones, audios, dinámicas personales, entre otros. En un contexto marcado por la violencia y la impunidad, la línea entre cuidado y control se difumina, queda confusa. Una vez más, miles de agresores operan sin represalias, mientras las medidas preventivas permean la vida cotidiana de las posibles víctimas, ante un Estado incongruente, incapaz de garantizar seguridad y justicia.