Es 8 de noviembre de 2025. Rodrigo Paz se asoma al balcón del Palacio Quemado (sede del Ejecutivo) junto a su familia. Vestido con blazer azul, camisa celeste y una corbata también integrada a la paleta de los colores del cielo, el nuevo mandatario de Bolivia saluda con una suerte de emoción contenida. Mientras la banda presidencial le cruza, saluda a los mandatarios que llegaron de los países de la región para la ceremonia de investidura.
Paz llegó con grandes desafíos: un país que se queda sin divisas, que no tiene suficiente combustible y que muestra a su población durmiendo en las largas filas frente a las gasolineras para conseguir hacer funcionar sus vehículos. La cotización del dólar también está disparada y el país, históricamente barato, comienza a volar al ritmo de la inflación, como durante años lo hizo su vecina Argentina.