GINEBRA (apro).– Los jefes de Estado que han cometido los peores crímenes como son los crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad o genocidio, nunca pensaron que serían juzgados en una Corte internacional, afirmó en entrevista con Proceso Pablo de Greiff, uno de los expertos de la Comisión de Investigación de la ONU sobre graves violaciones de derechos humanos cometidas en Ucrania en el marco de la invasión rusa.
Este viernes 17 de marzo, la Corte Penal Internacional (CPI) lanzó una orden de aprehensión contra el presidente ruso Vladimir Putin por presuntos crímenes de guerra cometidos durante la invasión rusa en Ucrania y por el traslado forzado de niños ucranianos a Rusia.
Esta Corte es un tribunal de última instancia para el enjuiciamiento de crímenes graves internacionales, como el genocidio, los crímenes de guerra y los delitos de lesa humanidad.
“Mi papel no es predecir el futuro, pero cuando pienso en esto, yo estoy seguro que ninguno de los 34 jefes de Estado que han sido juzgados y condenados alguna vez pensó que iba a acabar en esa situación, y por lo tanto, yo creo que a pesar de que no hay certeza por las peculiaridades de este caso, creo que al menos se le debe a las víctimas el intento de tomar sus declaraciones, recolectar la evidencia y el tiempo dirá qué sucede”, afirmó De Greiff al ser cuestionado sobre la rendición de cuentas.
Entre los jefes de Estado que han sido llevados ante la justicia internacional por crímenes contra la humanidad y de guerra se encuentra Charles Taylor, expresidente de Liberia; Laurent Gbagbo, expresidente de Costa de Marfil; Slobodan Milosevic, presidente yugoslavo de 1997 a 2000, quien fue inculpado por genocidio, crímenes contra la humanidad y de guerra durante los conflictos en la ex Yugoslavia, que dejaron más de 200 mil muertos en los años noventa, y Milan Milutinovic, presidente de Serbia juzgado por el conflicto en Kosovo, entre otros.
Los crímenes de lesa humanidad tipificados por el derecho internacional son: Asesinato, exterminio, esclavitud, deportación o traslado forzoso de población, prisión, tortura, formas graves de violencia sexual y persecución.
Putin bajo la lupa de la justicia internacional
Además del traslado forzado de niños ucranianos a Rusia, el experto colombiano consideró que la destrucción masiva y sistemática de la infraestructura eléctrica podría constituir un crimen contra la humanidad orquestado por Putin.
“También hablamos de la posibilidad de que hubo crímenes contra la humanidad en el caso de la destrucción deliberada de la infraestructura eléctrica del país. Esos son ataques absolutamente sistemáticos, completamente deliberados que obedecen a una política anunciada por diferentes autoridades de la Federación Rusa, incluyendo al presidente (Vladimir Putin)”, valoró.
“Este es un caso clarísimo de agresión, debe ser objeto de rendición de cuentas, el mecanismo idóneo no es nuestra misión declararlo, nuestra misión es acumular evidencia que pueda ser utilizada en diferentes instancias judiciales para hacer una contribución, aparte de dar recomendaciones que puedan llevarse a cabo en favor de las víctimas y no solamente contra los perpetradores’’, argumentó.
“Las víctimas tienen derechos a los cuales son titulares, como el derecho a la verdad, la reparación, la no repetición y sobre eso estamos trabajando también’’, agregó.
De Greiff es miembro de la Comisión de Investigación de la ONU sobre Ucrania que presentará un informe al Consejo de Derechos Humanos en el que documenta crímenes de guerra, presuntos crímenes contra la humanidad y graves violaciones de derechos humanos cometidas contra los civiles en el contexto de la invasión rusa en Ucrania.
Comentó que después de llevar a cabo sus investigaciones en el terreno, “la Comisión encontró patrones gravísimos de violaciones al derecho internacional humanitario, violaciones clarísimas al derecho internacional de los derechos humanos, hay algunos suficientemente graves para decir sin ninguna duda que constituyen crímenes de guerra, eso incluye por ejemplo el uso sistemático de la tortura’’.
Además, detalló que la transferencia de población tanto en Ucrania como de Ucrania a Rusia, la transferencia forzada de niños, el confinamiento ilegal, ejecuciones extrajudiciales, violaciones sexuales tanto a mujeres y hombres en los territorios que las fuerzas armadas de Rusia ocuparon temporalmente, en búsquedas en los vecindarios y luego hubo una cantidad de violaciones sexuales en centros de detención más establecidos cuando el control sobre el territorio se consolidaba.
“Hablamos también de la posibilidad de que la tortura puede constituir un crimen contra la humanidad porque su uso ha sido sistemático en diferentes regiones del país con métodos similares, no es casual un soldado pateando a una víctima en el suelo, métodos que requieren mucha más planeación, más deliberación, equipo especial, gente especializada, aquí hay un patrón’’, argumentó.
Con respecto al nivel de la devastación que encontró al visitar Ucrania, De Greiff dijo que lleva 30 años trabajando en países afectados por conflictos y “tengo que decir que la primera visita que hice a Ucrania en la que recorrimos 3 mil kilómetros en coche, me impresionó la magnitud de la destrucción y por supuesto eso se debe a que este es un conflicto en el que las armas principales no son armas cortas de fuego, sino armamento pesado como misiles, bombas aéreas y cañones’’.
“Y eso implica, por ejemplo, en centros urbanos un nivel de destrucción completamente diferente al de otros conflictos en los cuales he trabajado y es impresionante presenciarlo, la gente está sufriendo brutalmente’’, lamentó.
Sobre la violencia contra civiles, De Greiff describió que “además de la destrucción fue impresionante ver la arbitrariedad de la violencia contra ciudadanos que se ejerce, por ejemplo, contra ciudadanos que no constituyen absolutamente ningún tipo de riesgo para las fuerzas armadas rusas y, sin embargo, son sometidos a un tipo de violencia y tratamiento que ningún ser humano bajo ninguna circunstancia merece y sí creo que hay un componente de odio que magnifica la impresión de la magnitud inmensa de la destrucción’’.