CIUDAD DE MÉXICO (apro).-A los no vacunados contra covid-19, tengo muchas ganas de joderles”, declaró el presidente de Francia, Emmanuel Macron, mientras el parlamento debate una ley que cambie el pasaporte sanitario por uno de vacunación que a los “no ciudadanos” –como los calificó--, les limitaría el desarrollo de su vida cotidiana.
“No soy partidario de fastidiar a los franceses, pero en este caso, a los no vacunados, tengo muchas ganas de joderles. Tenemos que decirle a los no vacunados que ya no podrán ir al restaurante, a tomar un café, al teatro, al cine. Continuaremos haciendo esto, hasta el final. Esta es la estrategia”, confesó Macron, en entrevista con el diario “Le Parisien”.
Sus declaraciones provocaron la ira de sus opositores, a solo tres meses de la elección presidencial, indicó AFP.
Macron dijo que más del 90% de los franceses se han sumado a la vacunación, pero es esa pequeña minoría refractaria la que se niega a hacerlo, entonces, expresó: “¿cómo reducimos esta minoría? La reducimos, perdón por decirlo así, molestándola todavía más”.
El porcentaje restante, no obstante, representa a millones de personas que no están protegidas, mientras la ola de la variante del coronavirus Ómicron contagió, en 24 horas, a 271 mil 686 nuevos contagios en 24 horas.
Esta es una cifra récord, después de que, en el verano, se aprobó el pasaporte sanitario que restringió muchas actividades a aquellos que solo presentaran una prueba de vacunación.
¿A quién molestó Macron?
La indignación que causó el presidente francés a los presidenciables de izquierda radical y extrema derecha fue porque utilizó el verbo “emmerder”, cuyo uso coloquial se traduce como “joder”, “molestar”, “fastidiar” o “complicar la vida” y es inusual en el lenguaje de un jefe de Estado.
Sus declaraciones desataron una tormenta política entre la izquierda radical y la extrema derecha, quienes lo llamaron arrogante y suspendieron el martes 4 de enero, por segundo día consecutivo, el debate en la Asamblea Nacional sobre esta ley para sustituir al pasaporte sanitario por uno de vacunación.
La candidata presidencial del partido derechista Los Republicanos, Valérie Pécresse, se dijo “indignada” por el uso de esa palabra por parte del mandatario liberal.
“No corresponde al presidente de la República escoger entre buenos y malos franceses y los llamó a poner fin al quinquenio del menosprecio”, aludiendo a las elecciones presidenciales de abril próximo, señaló a CNews.
Para la candidata presidencial ultraderechista, Marine Le Pen, los propósitos de Macron son violentos, pues Macron “nunca se ha sentido presidente de todos los franceses”, mientras que, para el otro ultraderechista presidenciable, Éric Zemmour, son una tentativa de “existir en la campaña” por el cargo.
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Por su parte, la candidata socialista y alcaldesa de París, Anne Hidalgo y el comunista Fabien Roussel, cuestionaron la capacidad de Macron para unir a los franceses. Y el activista de extrema izquierda Jean-Luc Mélenchon calificó sus palabras como “una confesión alucinante” del presidente de Francia y llamó al pasaporte de vacunación “un castigo colectivo contra la libertad individual”.
Mientras el jefe de los republicanos de derecha en la Cámara Alta, Damien Abad, calificó los dichos de Macron como “indignos, irresponsables y premeditados, que mostraban un cinismo infantil”, el líder de los liberales, Christian Jacob, señaló que los parlamentarios se niegan a respaldar un texto “que pretende joder a los franceses”.
Por eso, el presidente de la sesión parlamentaria, Marc Le Fur, consideró que el ambiente en la Asamblea Nacional no ofrecía “condiciones para un trabajo tranquilo” y por eso la se suspendió.
Para el primer ministro de Francia, Jean Castex, es todo lo contrario. La culpa de “fracturar” al país es la “ínfima minoría” de franceses que rechazan la vacunación.
De aprobarse el pasaporte de vacunación, las restricciones entrarían en vigor a partir del 15 de enero.