CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Pese a que el siglo XVI en Inglaterra fue muy violento, la producción poética de la época muestra la evolución de una idea amorosa que, a decir del poeta, ensayista y crítico literario José María Espinasa, se ve plasmada lo mismo en los sonetos de un autor tan célebre como William Shakespeare, que en sir Walter Raleigh, más conocido como pirata y asaltante de barcos.
Ambos, junto con sir Thomas Wyatt, Henry Hovard (duque de Surrey), Edward de Vere (duque de Oxford), Elizabeth I (reina de Inglaterra), Edmund Spenser, sir Philip Sidney, Mary Sidney Herbert (condesa de Pembroke), Samuel Daniel, Christopher Marlowe, Ben Jonson, John Donne, lady Mary Wroth y John Milton, integran la antología Violencia e Inmensidad en los Siglos XVI y XVII. Algunos poetas ingleses.
La publicación bilingüe, de 378 páginas, de Ediciones El Tucán de Virginia, que dirige el también poeta Víctor Manuel Mendiola, “es fruto de la admiración a muchos de los grandes poetas ingleses del periodo isabelino –quizás un lapso más amplio que la vida de la propia reina Elizabeth I”, indica en un ensayo introductorio el editor, quien tradujo los poemas seleccionados. Y al explicar el título, escribe:
“Vivimos en la violencia. O nos ataca directamente, en un asalto de bulto, o nos agrede por todo lo que conocemos en los periódicos, el cine, internet o las redes sociales, donde vemos azorados que niños, niñas, jóvenes y muchos viejos sufren toda clase de vejaciones, no sólo contra su cuerpo, sino, no menos importante, contra su dignidad.
“También podemos experimentar la violencia como mujeres u hombres violentos, porque nos exaspera el mundo donde vivimos o, en el mejor de los casos, porque nos indigna. Muy bien podríamos decir, como escribió sir Thomas Wyatt: ‘Aire encerrado y sucio sitio mi alma’.
“No podemos escapar de esta fuerza oscura, tenebrosa, desgraciada que, definitivamente, no es sólo un mal del pasado, está aquí, de manera imperiosa, en nuestro presente y desde siempre.”
El tiempo en el cual se gesta la obra de los poetas ingleses reunidos en “Violencia e inmensidad…”, el reinado de Henry VIII y el propiamente isabelino, no estuvieron exentos de esa violencia. Y en el volumen se van mencionando los nombres de varios poetas que murieron encarcelados, decapitados, en batalla, asesinados, autores todos de grandes poemas.
En suma, dice, “la poesía europea (no sólo la inglesa) de los siglos XVI y XVIII es increíblemente refinada, vivaz e inolvidable”, y cita entre otros a Torquato Tasso, Pierre de Ronsard, Luís de Camões, San Juan de la Cruz, Francisco de Quevedo y Villegas, Lope de Vega y Luis de Góngora.
En la presentación del volumen realizada hace unas semanas en la Casa del Poeta “Ramón López Velarde” de la colonia Roma, se contó con los comentarios del propio Mendiola, de Eva Cruz (responsable de la revisión del libro) y de la poeta y cantante Dulce Chiang y Espinasa.
Precisamente Chiang y Espinasa explica, en entrevista con Proceso, que el libro da cuenta de que el XVI fue un siglo muy violento en Inglaterra, y permite ver, a la vez, que la violencia que hoy vivimos tiene muchos antecedentes.
“Solemos identificar al poeta con otra actitud, así que se muestra también la evolución a lo largo de dos siglos de una idea amorosa que viene de Ovidio, de Petrarca”, este último –a decir suyo– introduce el concepto del “amor cortés” en la época medieval, que claramente se transforma en Shakespeare en sus sonetos amorosos.
“Me parece muy atractivo que no sea una antología sobre un autor, sino sobre un periodo lo suficientemente amplio para trazarnos una parábola, un viaje a través de esos dos siglos, con pocas muestras de cada poeta, lo cual tiene que ver con lo que ocurre en la literatura mexicana, sobre todo la más reciente, que está poniendo atención en poesías de otras lenguas.”
Como ejemplo menciona el libro Versiones y diversiones, de Octavio Paz, y añade que Mendiola, quien “ha mostrado muy pocas veces sus dotes de traductor, aquí lo hace espléndidamente, cumple con la petición de Paz de que el poema traducido debe sonar a poesía, no a traducción”.
Amor vs. violencia
Llama la atención que el traductor no caiga en la tentación de crear nuevos sonetos en español:
“El día de la presentación al público le comenté a Víctor Manuel que quien traduce un soneto debería tener como horizonte hacer un soneto en la lengua de llegada, pero a veces no se puede porque las reglas del soneto son tan rigurosas, tan estrictas, que puedes echar a perder la traducción por querer ser muy apegado al original, y creo que Víctor Manuel escoge acertadamente no forzar demasiado las cosas.”
Pone énfasis en que se publican las versiones bilingües en inglés isabelino, lo que quizá sea un poquito difícil de leer, pero se puede contrastar con la versión en español.
A pregunta de Proceso responde que, si bien los lectores de poesía son minoritarios comparados con los de otros géneros, como la novela o la historia, siempre tiene seguidores, incluso recientemente apareció una antología de poesía rumana en español, medieval o de poesía del oriente, por ejemplo.
Cuando se lee un poema como el de Christopher Marlowe (escogido al azar),
No está en nuestro poder amar u odiar,
porque la voluntad sigue al destino.
Cuando dos se desnudan, algo pasa
y ansiamos que uno gane y otro pierda.
Nosotros elegimos uno y no otro,
como escoger entre dos barras de oro;
nadie entiende el motivo; es suficiente
con la advertencia simple de los ojos.
Donde dos hablan, el amor es poco.
Quien ha amado, ¿no amó a primera visa?
caben las preguntas: ¿por qué Violencia e Inmensidad…? ¿Dónde está la violencia.
Espinasa coincide con Mendiola en que está en la época o en los autores, y explica que por eso se incluyen notas introductorias de cada uno. “Sorprende que sean traidores, conspiradores, piratas, condenados a muerte… sir Walter Raleigh es un pirata y su poesía era como un detalle diletante, pero era un pirata de los malos, de los que quemaban fuertes y asaltaban naves.
“Es ese contraste, porque no sólo es que los poemas no sean violentos, es que además son muy amables, son risueños, juguetones, halagan a quien los lee, buscan una sonrisa en los labios. Y no hay una traslación de esa violencia que viven en sus vidas a la escritura, es una cosa bastante curiosa porque se tiende, naturalmente, a identificar vida con obra, y no es necesariamente cierto.”
–¿Cómo se da ese proceso en el que una persona de esa naturaleza escribe una obra de carácter contrario?
–Esos son justamente los misterios y secretos de la creación. Alguna vez yo ponía el ejemplo extremo: si uno lee los ensayos de George Bataille, puede pensar que el autor sale por las noches a buscar niñas en la calle, y no, es un señor que a las nueve de la noche se acuesta con su esposa y lee en la cama con la luz del buró. Pero eso viene de la tendencia a creer que vida y obra equivalen. Puede haber vasos comunicantes y muchas veces los datos biográficos nos sirven para explicar ciertas cosas, pero a veces también nos confunden.
“Lo interesante de este libro es que no entra en esas discusiones, sino que presenta al lector una serie de poemas, la mayoría de ellos de amor. Le dice: ‘léelos, y a lo mejor hasta te sirven para ligar; se los puedes decir a tu mujer, a tu novia o a tu novio’.
“Son textos que no tienen en el horizonte –y eso lo vio muy bien Mendiola– a un lector académico, tampoco a uno profesional, como podría ser yo, que constantemente escribo sobre poemas y novelas; son para un público que lee por puro placer.
“Es un libro muy disfrutable, muy gozoso que a la vez puede servirle a un especialista para entrar en una época.”
El volumen, agrega el crítico y poeta, cumplirá su cometido si el lector busca los libros completos cuando lleguen en español o, si puede leerlos en su lengua de origen, cuando los busque igual.
–Mendiola comentó en la presentación que la antología comprende poesía política o social.
–Sí, la poesía siempre tiene condimentos de distintos estratos. A partir del simbolismo francés, la tendencia moderna ha sido buscar en todo poema un poema de amor, pero no es lo único.
“La poesía política ha existido siempre y es natural que señores metidos hasta la cabeza en el mundo político de su tiempo hagan poemas para reflejar su ideología, su actitud, para dejar testimonio de sus avatares políticos, incluso por contraste, cuando no hablan de ello y te enteras de que eran conspiradores y guerreros, dices: ‘qué curioso, porque en sus poemas hablan de la dama y no aparece lo otro’.”
Y menciona entonces que en la obra “La hada reina”, de Edmund Spenser, de la cual se incluye un fragmento en el libro, puede encontrarse “una idea más vinculada a la poesía política, como la podemos entender en la Divina comedia, que es ante todo un poema político”.