CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Las criadas es la obra emblemática del escritor francés Jean Genet (1910-1986) que desde el teatro de la crueldad y del absurdo, hace un cuestionamiento existencial a la estratificación social, a los juegos de roles y la vivencia de la dominación y el sometimiento.
En el Círculo Teatral, la propuesta de Víctor Carpinteiro en la dirección trae al presente el universo que plantea Genet desde el expresionismo y el travestismo. En su estreno en 1947 dirigida por Louis Jouvet, la obra fue repudiada tanto por el público y la crítica especializada. Su espíritu subversivo era visto con malos ojos en su tiempo. Años después, se convirtió en una de las obras más importante del siglo XX al mostrar la complejidad de la opresión y la idea de la representación.
En un inicio, aunque Genet después se desdijo, proponía que la obra la actuaran hombres haciendo el papel de mujeres. Sólo algunos directores han retomado esta idea, y Carpinteiro acepta el reto y enriquece su propuesta con el salto del realismo a un movimiento dancístico y coreográfico en las interpretaciones, a un rompimiento con la naturalidad en la actuación y un vestuario que realza lo “queer”.
En Las criadas, dos sirvientas juegan alternadamente a ser la Señora y combinan sus sentimientos de amor y odio hacia ella. Se ponen sus vestidos, dan órdenes y dominan con violencia a la otra. Les gusta sufrir pero también hacer sufrir. El detonante se da a partir de que pronto se descubrirá que ellas denunciaron al Señor y por eso lo detuvieron. Se acrecienta su plan de ponerle fin a la Señora, pero sus miedos y conciencia servil corren en su contra.
Las criadas la escribió Jean Genet en los cuarenta, en una de sus tantas estadías en la cárcel, a la par de varias novelas como Nuestra Señora de la Flores, narración autobiográfica sobre la homosexualidad y los bajos fondos, que pudo verse en una versión impresionante de Lindsay Kemp en 1981 en el IX Festival Cervantino. En México, Las criadas se montó por primera vez en 1959, dentro del VI programa de Poesía en voz alta, traducida y dirigida por José Luis Ibáñez, con las actuaciones de Ofelia Guilmáin, Rita Macedo y Mercedes Pascual. Actualmente se está presentando en Saltillo, Coahuila, con la Compañía Éter Teatro.
La puesta en escena que Víctor Carpinteiro encabeza lleva al límite las relaciones de poder y la violencia sexual. Mezcla el placer y el dolor como un juego sadomasoquista y tenebroso. Los actores trabajan con intensidad sus personajes, aunque el tono demasiado alto dificulte en ocasiones el matiz. Alan Blasco e Iván Iduarte hacen el papel de las sirvientas, y con versatilidad y potencia en este juego de roles suben y bajan de posición, según sea su turno o se presenten las circunstancias. Su entrega es total al igual que Murias Reynoso en el papel de la Señora, un tanto sobreactuado.
Es preciso el diseño del movimiento escénico y la ejecución de los actores. Lo grotesco de ciertas escenas y lo estético de otras imágenes están bien logradas y corresponden al espíritu de Jean Genet, quien siempre fue crítico ante las convenciones y las normas impuestas por la sociedad. El espíritu transgresor de Genet corre por las venas de esta propuesta teatral hecha de carne, sudor y sufrimiento. Los vestuarios diseñados por Cristina Sauza y Arón Fonseca tienen esta misma perspectiva del contraste, conviviendo el vestido rojo despampanante y los delantales opacos de las sirvientas.
Las criadas del Círculo Teatral provoca escozor por su ímpetu y atrevimiento y tiene mucho qué decir al teatro contemporáneo.