CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).–Un soldado raso asesina a su amante por celos, locura y opresión. Razones que no explican ni justifican un feminicidio, aunque en la obra Woyzeck parecieran razones suficientes.
Woyzeck, escrita en 1836 por el escritor alemán Georg Büchner, se ha convertido en un referente para el teatro del siglo XX. Desde el romanticismo y el realismo social, anticipa lo que será el teatro expresionista alemán y abre paso a las estructuras fragmentadas en la narración escénica.
Es un texto inconcluso dada la muerte prematura del joven Büchner en 1937, y consta de 27 escenas sueltas. Directores de escena, editores, traductores y estudiosos del teatro le han dado distinto ordenamiento a la secuencia de los fragmentos y la han contextualizado en ámbitos variados.
El Woyzeck en la tierra caliente, dirigida por Ignacio Ortiz, se ubica en Apatzingán, Michoacán, y bien podría suceder en cualquier parte de la República mexicana, donde los feminicidios están a la orden del día. La obra del siglo XIX requiere una reinterpretación para este presente, donde ya no es posible justificar el asesinato de ninguna mujer por el hecho de ser mujer. En Woyzeck se le adjudica al asesino el atenuante de la pobreza, la burla de sus superiores, el experimento al que lo somete un médico y los celos porque su amada está involucrada con otro hombre. Inevitablemente, en la mayoría de las puestas como ésta, el victimario se convierte en víctima, el que sufre al haber cometido un crimen, y aunque se insinúa su suicidio, no hay castigo ni condena hacia sus actos.
Woyzeck está basado en un suceso real ocurrido en Leipzig en el que un soldado mató a su “mujer infiel” y en su tiempo se discutió sobre su falta de control mental, pero finalmente fue condenado a muerte y decapitado.
Estos crímenes pasionales –que es como se titulaban antes en la prensa–, ahora son nombrados como lo que son: feminicidios, y eso cambia radicalmente el punto de observación. No es el victimario la víctima, sino la mujer que ha sido asesinada por el hecho de ser mujer.
Del personaje de Woyzeck se han hecho diversas interpretaciones en este anhelo de contemporaneizarla. Se han escrito textos desde el punto de vista de Marie, pero éste no es el caso, porque Woyzeck sigue siendo un hombre atormentado por sus pasiones y oprimido por sus superiores, por lo cual había que compadecerlo.
Hay versiones de Woyzeck en otros ámbitos, como la ópera de Alban Berg en Alemania, o la película de Herzog protagonizada por Klaus Kinski, o el musical de Robert Wilson con la música de Tom Waits.
En el Woyzeck en la tierra caliente hay actuaciones sobresalientes, como la de Baltimore Beltrán como Woyzeck, quien mantiene el realismo en su personaje para ir ascendiendo, desde la verosimilitud, hasta llegar a momentos intensos y desesperados. Rodrigo Johnson como el médico, al que le añade un tono más expresionista que da carácter a su personaje. Jorge Ávalos bien plantado y gran proyección como el personaje del idiota que aquí es un hombre del pueblo, testigo del acontecer; un hombre con la camisa de un muerto que arraiga la historia en nuestro México. Los mismo sucede con la fabulosa participación del músico Melesio Portilla.
Desde el feminismo se ha cuestionado la exhibición del cuerpo de las mujeres asesinadas, tanto por respeto a ellas mismas como a sus allegados o a otras mujeres que buscan a sus hijas.
Woyzcek en tierra caliente, con escenografía e iluminación de Patricia Gutiérrez y vestuario de Estela Fagoaga, se presenta en el teatro Santa Catarina y es una producción de la UNAM.