CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- Cuatro socios fundadores de una empresa de aplicaciones tecnológicas están a punto de ser acusados por fraude, y buscan una salida donde sólo uno asuma el ilícito y pague siete años de prisión para que el resto quede libre.
El guion cinematográfico 7 años, de los españoles Julia Fontana y José Cabeza, es llevado al teatro en la adaptación y dirección de Reynolds Robledo. La película llamó la atención en 2016, sobre todo porque aborda el tema de la mediación en situaciones de conflicto y la forma en que va planteando los diferentes pasos a seguir.
Aunque el medio original fuera el cine, la obra es netamente teatral por el hecho de desarrollarse en un solo espacio: la sala de juntas de la empresa y sus zonas aledañas. El encierro, aunado a la presión del tiempo, potencializa la problemática. Tienen que decidir pronto, porque a primera hora se tendrá que dar a conocer cuál de los socios será el que asuma la culpa. No hay una reflexión ética, sino práctica que busca una solución.
La obra de 7 años pareciera responder a los pasos para llevar a cabo una mediación. El mediador es el personaje que guía la historia, en esta puesta en escena lo interpreta Alejandro Morales con una buena caracterización; tiene el ritmo necesario para mantener la atención y lanzar propuestas guiando la discusión; sus intereses personales apenas se intuyen, pero saltan a la luz sus beneficios. La primera propuesta es llegar a un acuerdo para de ahí incitar a que todos los participantes entren al debate. Se conocen los personajes a través de algunas anécdotas, y nos enteramos del acto fraudulento de la empresa de haber dejado de pagar impuestos. Se inicia la mediación donde cada quien no se describe a sí mismo sino a otro, hecho por el cual salen a relucir los conflictos interpersonales presentes y añejos. La situación va dando giros al irse conociendo algunos secretos que los sorprenden.
A veces, el desarrollo de la obra pareciera el despliegue de una fórmula sobre los lineamientos que se siguen en una mediación, sin que haya una profundización en las circunstancias y características de los personajes. Sus temas son inmediatos y al saberse verdades o lo que realmente piensan los personajes unos de los otros, no llegan a tocar fondos personales o relacionales. Si bien fundaron la empresa como amigos, en el momento del conflicto la amistad está desgastada sin alguna confraternidad que los sustente. La obra da vueltas y vueltas topándose constantemente con la pared y el regreso al mismo lugar.
Pablo Perroni, quien interpreta al director de la empresa, encabeza el reparto y lo acompañan actores alternantes, entre los que se encuentran Jeannine Derbez y Pedro de Tavira. El espacio con tres frentes está dominado por una mesa rectangular rodeada de sillas. La dirección está dirigida principalmente a la parte frontal, y la visibilidad depende de cuando los personajes de desmarcan para poderse mirar desde otros ángulos. En un foro pequeño los personajes están en un primer plano, por lo que no se hace necesario remarcar tanto los gestos y las intenciones.
En 7 años los espectadores siguen con interés el devenir de los personajes, como sucede en los juegos que pasan en la televisión. De qué manera se inclina la balanza hacia uno u otro y cómo se podría llegar al acuerdo anhelado. Es una obra con éxito que se presenta en el foro Lucerna.