Teatro

"Los Humanos" y la cotidianidad familiar

Del autor líbano-estadunidense Stephen Karam, dirigida por Diego del Río, reproduce los vicios y las rutinas de las reuniones familiares, con toques de humor.

Estela Leñero Franco
Rutina de las reuniones familiares
Rutina de las reuniones familiares(Juan Pablo Minor)

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Una familia de clase media se reúne a festejar la Navidad y observamos, como por una mirilla, la cotidianidad de la celebración. “Los humanos” es una obra hiperrealista donde se presenta en tiempo real este encuentro; desde que llegan hasta que se van. Dos horas que cansan al espectador aunque también lo entretienen.

Los Humanos, del autor líbano-estadunidense Stephen Karam, dirigida por Diego del Río, reproduce los vicios y las rutinas de las reuniones familiares, con toques de humor. La hija menor y su novio han invitado a sus padres, su hermana y su abuela al departamento al que se acaban de cambiar. Las condiciones son precarias, y la familia, con dificultades, acepta esta situación. Cada integrante tiene sus propias problemáticas que se conocen someramente a lo largo de la reunión. No se profundiza en ellas, pero sí se visualizan problemas de salud, de desamor, de miedos y dificultades económicas; de vicios y manías:

Bere, la hija menor, interpretada por Paulette Hernández, busca su lugar en la música y está contenta en su nueva relación; un joven argentino (Ignacio Tahhan), que ha sido heredado por su familia y trata de quedar bien. Aline es la hija mayor (Luz Aldán), y tiene una operación en puerta por un problema grave estomacal; está a punto de perder su empleo y la ha dejado su novia. El padre, muy bien interpretado por José del Río, se halla preocupado por su madre y el partido de futbol americano que intenta ver en su celular. La madre es Pilar Flores del Valle, vital y dicharachera, generosa con los desprotegidos pero conflictuada al interior de la familia. La abuela en silla de ruedas, interpretada por Concepción Márquez, padece una demencia senil avanzada, está desconectada de su entorno y dormida la mayor parte del tiempo.

En Los Humanos las actuaciones son fantásticas y la verosimilitud es sobresaliente. Cada personaje está trabajado minuciosamente, con delicadeza y precisión. Los actores reflejan las diferencias entre los personajes, y los llegamos a conocer conforme se desarrolla la obra. Hay contrastes y cada uno es una pieza imprescindible en este conjunto familiar. Pilar Flores del Valle interpreta brillantemente a la madre, con un humor particular y develando sus contradicciones. Paulette Hernández trabaja desde la interioridad y vemos perfectamente sus cambios emocionales; desde el optimismo, el conflicto y la tristeza.

En Los Humanos, los conflictos se presentan aunque no avanzan, se develan secretos al final de la obra, pero en el transcurso hay pocos indicios de ello. Los padres son conservadores y católicos y las hijas enfrentan esa dificultad. Paralelamente está la molestia de los ruidos excesivos de los vecinos y del exterior, pero que no llegan a provocar miedo ni inquietud como en la propuesta original. Escénicamente no están resueltos verosímilmente los sonidos que molestan, y parece que provienen de la propia casa. Y aunque se van sumando efectos misteriosos, como los focos que se funden, no causan temor ni intriga.

El espacio escénico es austero y sin atractivo visual. Dentro del rigor del hiperrealismo extraña la convención de la cámara negra y la resolución del espacio lateral llega ser incómodo para la audiencia.

Los Humanos, obra premiada en Estados Unidos, es adaptada con excelencia al contexto mexicano por Paula Zelaya Cervantes. Un gran acierto de la dirección es optar por una familia con la que los espectadores contactan inmediatamente; con lugares identificables y con catástrofes compartidas, como el terremoto del 85; con costumbres, objetos y un sinfín de detalles. Los Humanos se presenta los martes en el Foro Shakespeare.