Modesto López

"Morriñas", memorias de Modesto López

Su reciente autobiografía de 500 páginas narra un largo peregrinar por América Latina y el Caribe, Europa, Asia, Argentina y México, país donde finalmente se asentó a partir de los años ochenta.

Roberto Ponce
(Cultura CDMX)

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Mil y un anécdotas recopiló del repleto baúl de los recuerdos el viajero, hombre de teatro y prolífico productor musical nacido en Galicia, España, Modesto López, ampliamente reconocido en nuestro país por promover durante 42 años a 800 grupos artísticos en su disquera Ediciones Pentagrama, además de realizar documentales de poetas y publicar libros.

Su reciente autobiografía de 500 páginas narra un largo peregrinar por América Latina y el Caribe, Europa, Asia, Argentina y México, país donde finalmente se asentó a partir de los años ochenta. El volumen se intitula “Morriñas. Aguafuertes de mi andar por la vida”, con 46 coloridos capítulos y una introducción a cargo del poeta Eduardo Langagne (DF, 1952), misma que en sus fragmentos sustanciales ofrecemos enseguida.

Palabras preliminares

Modesto llegó al mundo cuando el siglo XX casi alcanzaba su primera mitad.

"Allí estaba la aldea Uceira Blanca perteneciente al municipio de Paradela, en la provincia de Lugo”. Aquel lunes 8 de enero de 1945, “El viento sacudía los cimientos de la casa, las puertas y las ventanas, el ganado abajo bramaba, la nevada era tan fuerte que no permitía ver nada, fue cubriendo los caminos y los campos, comenzó a oscurecer mientras los copos de nieve caían incesantemente, el cielo y la tierra eran uno solo, hacía mucho que no se veía semejante temporal, las casas de la aldea se fueron cubriendo de nieve.”

En ese entonces, Europa aún no escuchaba intensamente los inhumanos ecos de la Segunda Guerra Mundial, que habría de concluir pocos meses después con los hongos venenosos que aún hoy producen consternación y vergüenza. Este siglo veinte, problemático y febril, como cantó Discépolo, ha sido la vía que conduce el trayecto cronológico de Modesto López, que no ha dejado de explorar y mantener su ruta creativa en este casi cuarto de siglo del XXI. Y también lo ha vivido intensamente.

Estas “Morriñas. Aguafuertes de mi andar por la vida”, han sido puestas en el papel con una suma de recursos que incluye una declaración de su madre Elvira, grabada y transcrita oportunamente. La redacción desatada de recuerdos da cuenta del traslado marítimo con rumbo a la Argentina y más delante de los otros viajes, otros climas, otras condiciones bajo la inestable dinámica de la Historia. Mediante el contacto renovado con la gente amiga, muchas décadas después de los hechos que se exponen, nuestro autor realizó el cotejo de su propia memoria, cualidad inaprensible de la persona humana.

Modesto López, combatiente de la vida, mantuvo su pujanza y fortaleza anímica durante este periodo inédito del mundo, se obstinó como siempre en defender las cosas que valen la pena, como escribir. Siento profunda gratitud por haberme permitido leer sus páginas mientras avanzaba, le agradecí su confianza al percatarme que prácticamente pude ver cómo preparaba la harina y preparaba la masa, pues me mostró sus palabras al mismo tiempo que el pan estaba por entrar al horno de la tahona.

La estimulante escritura me atrapó, me advertí sorprendido, cautivado, mientras leía estas más de 700 páginas repletas de anécdotas, historias, síntesis de sueños, anhelos y compromisos. Percibo que sus trazos contienen también una fuente de futuros documentales que el tiempo habrá de ofrecerle como oportunidades todavía nuevas al gallego, como le dicen con cariño y respeto buena parte de la gente.

El autor nos ofrece también con soltura su expresión lírica trazada a través del tiempo, poemas escritos en la urgencia, textos escritos en el resguardo alterado, apuntes hechos en la rendija entre la amenaza y la represión, palabras expresadas en el sobresalto, ante el peligro, en la coyuntura específica, con el corazón a todo ritmo y la respiración sin comas. Textos que se adhieren y entrelazan con las líneas argumentales de lo contado y operan como una reflexiva ayuda para la mejor percepción de los más difíciles momentos del último medio siglo en el continente que habitamos; cada zona, cada región del mundo latinoamericanos con sus contradicciones, con sus logros muchas veces provisionales, con sus certezas aparentes y siempre susceptibles de ser transformadas, evidencias que dan lugar al pensamiento crítico. La interioridad del combatiente ante el peligro, ante el acecho. La intimidad del militante.

Fue por mediación de Modesto que convivimos una larga tarde con Mercedes Sosa a mitad de los años setenta. Provocó además, a lo largo del tiempo (todavía en el más reciente), convivencias múltiples con otras cantoras de América Latina; con intérpretes como Eulalio González “El Piporro”. El tiempo dilatadamente compartido con Óscar Chávez, un imprescindible (no es fácil serlo), tiene un sitio especial en estas páginas. En el libro se alude a la rica historia del acervo discográfico de Óscar Chávez producido por Modesto López en “Pentagrama” para que los cien años de Macondo sueñen con José Arcadio mientras revolotean mariposas amarillas, o pidamos perdón, vida de mi vida. Este libro no da lugar a que la conocida frase popular advierta que algo “se quedó en el tintero”.

Modesto López tiene como tesoro el don de la conversación y la virtud de rescatar los hechos fundamentales que ha conseguido transformar en videos para públicos de muchas partes del continente y del mundo. Nuestro autor sintetizó memorias de varias décadas, memorias que no se disiparán; ha recuperado informaciones y datos que pueden dar lugar a nuevas búsquedas de nuestras generaciones sucesivas. Un montón de entrañables páginas que recuperan una voluntad empeñada en no dejar de contar lo que merece ser comunicado.