CIUDAD DE MÉXICO (apro).- ¿Qué hubiera pasado si William Shakespeare hubiera sido mujer? Ésta es la pregunta que Virginia Woolf lanza en su ensayo Una habitación propia para desarrollar la diferencia en el desarrollo creativo según el sexo. Su ejemplificación es luminosa para observar las desventajas y los obstáculos que una mujer tiene que vencer al dar proyección a su creatividad, y el autor francés Fabrice Melquiot lo toma como punto de partida para proponer un texto dramático, Eileen Shakespeare, que en el teatro el Granero interpreta Guillermina Campuzano.
Eileen Shakespeare es un unipersonal que planea la hipótesis respecto a si William Shakespeare hubiera tenido una hermana con las mismas habilidades literarias. Eileen juega con su hermano, intercambian conocimientos, escriben textos, pero cuando él decide lanzarse al mundo del teatro y la escritura, a ella su padre la obliga a casarse, impidiendo una carrera que podía empezar.
La obra arranca con esa boda, ese vestido de novia que se convierte en una prisión. La puesta en escena, dirigida por Gabriela Tapia Barrón, conjunta recursos escénicos de gran riqueza para ir del realismo a la ficción, de lo físico a lo simbólico. Una gran manta que cuelga como una pierna se enreda en el personaje y la actriz para convertirla en vestido de boda, o de un medio para engordar y afearse, queriendo romper con esos estereotipos a los que la ha llevado su posición como mujer en la época isabelina.
La multimedia de Paula Soto y Luis Villegas complementa las imágenes, así como la presencia de objetos que remiten al ámbito doméstico, pero que se convierten también en armas, en elementos de juego para aceptar o sublevarse ante la vida. Una bandeja, un cajón de madera, una plancha y otros elementos más se convierten, en las manos de la actriz Guillermina Campuzano, en armas escénicas para denunciar un sistema social inequitativo.
La propuesta escénica es una denuncia, un ejemplo claro de los mecanismos que hacen que la mujer creadora no pueda hacerse visible, que tenga que firmar con pseudónimo o sus textos sean firmados por otros, en este caso su hermano. La necesidad de Eileen de acceder a este mundo masculino la lleva al sacrificio, sin que haya conmiseración, sino simplemente la muestra de estrategias de sobrevivencia, de cambiar favores sexuales para ser incluida o auxiliar a William, o presentarse tal cual es.
La estupenda actuación de Guillermina Campuzano dota a su personaje de gran variedad de estados de ánimo. Con entereza denuncia la vida a la que se ha visto orillada, se burla de ella, de los mecanismos en su crecimiento, y desmenuza las formas que le han impedido escribir y ser visible.
La obra le habla al público con una cuarta pared rota. Un diálogo para exponer pasajes de su vida o pensamientos que va teniendo a lo largo de su lucha por construirse como escritora o para sobrevivir.
Julio Gándara, con la guitarra eléctrica, compone e improvisa en escena. Eileen y la actriz lo convierten a momentos en su interlocutor, y puede ser su hermano con el que interactúa o a quien quiere dar cuenta de sus actos. Si bien la música bien acompaña el transcurrir, su excesiva presencia hace que caiga en la monotonía sonora.
La obra Eileen Shakespeare es contundente en su intención de denuncia. No lo hace a manera de manifiesto sino expresando tanto verbal como anecdóticamente momentos significativos, acciones e imágenes sobre este personaje de ficción tan inquietante, que encarna Guillermina Campuzano.