Teatro

Homenaje a Hugo Hiriart por sus 80 años

En el teatro el juego ha sido el detonante principal de sus obras, y encontró en el teatro de objetos un medio de expresión fundamental para transmitir sus ideas y su espíritu lúdico.

Estela Leñero Franco
Lectura dramatizada de su obra
Lectura dramatizada de su obra(Octavio Gómez)

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Este año Hugo Hiriart cumplió 80 años y la Academia Mexicana de la Lengua le rindió homenaje. Ahora, para continuar los festejos, del 27 al 30 se realizará un ciclo de lecturas dramatizadas de cuatro de sus obras en el Conjunto Santander de Artes Escénicas: El tablero de las pasiones de juguete, El caso Caligari y el ostión chino, La caja y Camille.

Hugo Hiriart, dramaturgo, director, ensayista y novelista, con su imaginación ha contagiado la nuestra. En el teatro el juego ha sido el detonante principal de sus obras, y encontró en el teatro de objetos un medio de expresión fundamental para transmitir sus ideas y su espíritu lúdico. En 1981 funda, con Juan José Barreiro, el taller El Teatro y sus Artefactos, en el que exploraron el sinfín de posibilidades que tiene el uso de los objetos y los muñecos. En ese tiempo la construcción de objetos y títeres fue en el teatro para adultos una novedad. Nos abrió la perspectiva de lo que se podía hacer en él. Las alegorías y las metáforas eran la materia prima para que los personajes tuvieran una vida inusual y lograr movimientos e imágenes imposibles de conseguir con personajes de carne y hueso.

Su obra Minotastás y su familia, que se presentó en 1980 en la UNAM, fue de gran impacto para el público, y con teatro lleno terminó su temporada. En complicidad con Alejandro Luna, este drama cómico se convirtió en un punto de partida para nuevas propuestas escénicas. En 2009, por ejemplo, Luis Martín Solís la llevó a escena en el Centro Cultural Tijuana.

El tablero de las pasiones de juguete la escenificó en 1984 con la colaboración de Juan José Barreiro, construyendo un dispositivo escénico de gran ingenio. Posteriormente otros directores, como el titiritero Pablo Cueto y Emmanuel Márquez, la han llevado al escenario, investigando otras formas de jugar en el teatro.

Hugo Hiriart ha tenido un papel relevante en los teatros de la UNAM; la mayoría de sus montajes se han llevado a escena en sus recintos, y ha fraguado también proyectos escénicos colectivos y de experimentación; por ejemplo, cuando se encargó de la programación del Teatro Santa Catarina. En ese recinto, años antes, se llevó a escena, bajo la dirección de José Caballero, su obra Camille (o la historia de la escultura desde Rodin hasta nuestros días), protagonizada por Monserrat Ontiveros y Emilio Ebergenyi, para observar el proceso de deterioro psicológico de la escultora Camille Claudel. En ella había atrevidos desnudos para escenificar algunas esculturas, como la de El beso, y hacía distintos juegos entre la figura humana y la figura escultórica.

Porque Hugo Hiriart, además de estudiar Filosofía en la UNAM y hacer su tesis sobre la imaginación, también estudió pintura en La Esmeralda. Trece años después, en 1997, Antonio Castro la lleva a escena, y en 2000 hace el montaje de El caso de Caligari y el ostión chino en el Teatro Casa de la Paz. En ella el delirio y el juego se imponían, rebasando lo anecdótico y proponiendo momentos cómicos. Uno no siempre entendía lo que se pretendía en esa obra porque se llegaba al absurdo y a la desconexión de intenciones.

Ámbar en el Foro Sor Juana de la UNAM, en 1986, fue de las obras que más han quedado en mi memoria. Escrita y dirigida por Hiriart, era una historia de aventuras en la que María Antonia Yáñez hacía un personaje masculino espectacular. Las historias y los lugares por los que transitaban estaban llenos de imaginación y encanto; no tanto la versión cinematográfica que se hizo después.

Hugo Hiriart, premiado y reconocido, ahora hace poco teatro y sigue escribiendo ensayos e historias inventadas. Pocas de sus obras teatrales se han publicado, pero siguen presentes en la historia de nuestro teatro.

Crítica publicada el 27 de noviembre en la edición 2404 de la revista Proceso, cuya edición digital puede adquirir en este enlace.

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