Manuel Montoro

Manuel Montoro, un director fundamental

Después de haber realizado estudios en España, Rusia y Francia, llegó a México a dirigir el departamento de Teatro de la Universidad Veracruzana y crear la compañía. Fue en la universidad donde desplegó sus capacidades creativas.

Estela Leñero Franco
Director fundamental
Director fundamental

CIUDAD DE MÉXICO (apro).-Manuel Montoro, nacido en Lorca en 1928 y radicado en México desde 1966, murió el pasado miércoles en la ciudad de Xalapa. Director y maestro, gestor y promotor de teatro, tenía una conciencia clara de lo trascendental del teatro en la vida de las personas. Creyó que a través del teatro la verdad podía manifestarse, así como la complejidad humana, la pobreza y las contradicciones que nos albergan.

Después de haber realizado estudios en España, Rusia y Francia, llegó a México a dirigir el departamento de Teatro de la Universidad Veracruzana y crear la compañía. Fue en la universidad donde desplegó sus capacidades creativas, tanto en la dirección escénica como en la organización de actividades teatrales de formación y difusión.

Manuel Montoro inauguró la Compañía de la UV con la obra Mariana Pineda de Federico García Lorca, la cual causó gran impacto, teniendo como protagonista a Ana Ofelia Murguía. Jóvenes actores y actrices que trabajaron con él se fueron consolidando en la escena nacional y consideraron a Montoro no sólo como director, sino como un gran maestro: Claudio Obregón, Beatriz Sheridan, Salvador Sánchez, María Rojo, Nuria Bages, Francisco Beverido y Alberto Estrella, por mencionar algunos. Su manera de dirigir fue un buen aprendizaje respecto al rigor en la escena y la profundización de los textos.

La metodología de Montoro daba mucha importancia a la precisión del movimiento en el escenario, la gestualidad y los matices. Consideraba el texto como la base de la puesta en escena, y desentrañarlo consistía en una parte fundamental del proceso. Contemplaba el significado de las palabras, pero también el subtexto, lo que no se decía, lo que se descubría en el análisis, en las intenciones de los personajes y sus motivaciones ocultas. El realismo y la verosimilitud en las interpretaciones eran una de sus mejores cualidades. Otra característica fundamental de sus puestas en escena era el gran trabajo de Guillermo Barclay, su compañero de vida y de aventuras teatrales; sus propuestas de escenografía e iluminación daban la atmósfera y la estética necesarias para que las obras que Montoro dirigía, brillaran.

La colaboración Montoro-Barclay también se reflejó en el interés por dar más vida y espacios a la actividad teatral. En Xalapa fundaron el Festival de Teatro Universitario en 1967, y hasta 1971 no sólo fungieron como programadores de las obras, sino que orientaban desde la selección de los textos hasta el trabajo de dirección y de escenografía. El festival creció exponencialmente y, por desgracia, en años posteriores aparecía y desaparecía según el interés o el abandono de las autoridades en turno.

Montoro-Barclay a mediados de los setenta impulsaron una nueva sede de la Compañía de Teatro de la Universidad Veracruzana en el teatro Milán de la Ciudad de México. Más de 10 años presentaron las obras de la compañía, y con el temblor tuvieron que cerrar. Ahí presentó Los últimos de Goki, Los emigrados de Mrozec y Los acreedores de Strinberg, entre otros. También fue director artístico del teatro Rafael Solana, cuando radicaba en la Ciudad de México. Entre las obras que dirigió en ese tiempo están Jardín de invierno de Julieta Campos en el teatro Wilberto Cantón de la Sogem, Las noches blancas de Dostoievski adaptada por Vicente Leñero y Son pláticas de familia de Rafael Solana.

De sus últimos montajes recordamos la puesta en escena de Final de partida de Beckett, protagonizada por Francisco Beverido en el foro de la Unidad de las Artes de la UV.

Manuel Montoro ha hecho crecer al teatro mexicano. Lo ha enriquecido con sus propuestas teatrales y con su labor como impulsor del teatro ­veracruzano.