Nightwish

El hechizante onirismo sonoro de Floor Jansen y Nightwish

La agrupación originaria de Kitee, Finlandia, ubicada muy cerca de la frontera con Rusia, emprendió paseo de musicalidad rúnica con la rola “Noise”.

César Muñoz Valdez
(https://twitter.com/FloorJansen_)

CIUDAD DE MÉXICO (proceso.com.mx).–Toda una gala de metal sinfónico ofreció la agrupación fundada en Finlandia hacia 1996 Nightwish la noche de este sábado en el Palacio de los Deportes, depurando un viaje hechizante de rock duro y onirismos que abarcaron corolaturas acústicas de folk para deleite de sus seguidores. 

Alrededor de las 20:30 horas la encantadora líder neerlandesa Floor Jansen (Goirle, 1981) emergió junto a su ensamble integrado por el tecladista y letrista Tuomas Holopainen (1976), las liras de Emppu Vuorinen (1978), flautas, gaitas, guitarras y coros de Troy Donockley (Inglaterra, 1964), el baterista Kai Hahto (1973) y al bajo Jukka Koskinen (1981).

La agrupación originaria de Kitee, Finlandia, ubicada muy cerca de la frontera con Rusia, emprendió paseo de musicalidad rúnica con la rola “Noise”. Desde los primeros acordes, los reunidos se entregaron demencialmente al espectáculo de poderoso metal sinfónico, de relucientes ritmos estridentes, bestial bataca a doble bombo, ásperas guitarras, espectrales teclados y bajo. 

Las atmósferas conceptuales de Nightwish rápidamente cobijaron a los respetables; a telón de fondo la pantalla monumental relataba atractivas ilustraciones en gélidas narrativas escandinavas erigiendo efigies fantasmales entre la vida y la muerte, así como de una inherente devoción a la naturaleza del planeta Tierra.  

La figura de la ojiazul Floor, de signo Piscis, vocalista de la reconocida agrupación After Forever y egresada del Conservatorio Nacional de los Países Bajos, encantó las miradas.

Ataviada de un seductor corsé negro, sus cánticos aguerridos y angelicales confabularon relámpagos de una sinfonía sabor a rock duro. Endiosada presencia cuando agachada meneaba su caballera en cascada al estilo metalero, seguida por la fanaticada agitando cráneos en estrepitosas ejecuciones instrumentales:

“¡Eres hermosa!”, le veneraban piropos chicas y chicos por igual.

El repertorio consideró “Planet Hell”, “Tribal”, “Élan”, “Storytime” y “She Is My Sin”. En todo momento la líder demostró gratitud. Hubo correspondencia de pasiones entre la cantante, músicos y audiencia. Un público de variadas edades acudió, desde quienes aman a Nightwish desde sus orígenes al final del siglo, además de una ola de nuevas almas adoradoras. El espacio del Palacio de los Deportes consideró solamente la plancha del foro, con la audiencia de pie, en un formato íntimo con poco más de 10 mil reunidos. 

Tocaron en la candente velada “Sleeping Sun”, “7 Days to the Wolves”, “Dark Chest of Wonders”, “I Want My Tears Back”, “Ever Dream” y la clásica “Nemo”. 

La sesión acústica en linderos de folk rock también caló los corazones. Con “How's the Heart?” (una pieza influenciada por grupos de New Age y baladas celtas tradicionales como los irlandeses Clannad y su cantante Moya Brennan), la fanaticada acompañó a Nightwish en un manto estelar de lucecillas vía los celulares: “Vemos a una madre sin su hijo, nos topamos con un extraño pobre, exiliado, ¿cómo se siente el corazón si continúa latiendo?”. Así, retumbaron “Shoemaker” y “Last Ride of the Day”. 

Hacia el ocaso se escuchó “Ghost Love Score”. En la pantalla se reflejaba una vela encendida y la bandera de Ucrania en ofrenda por la guerra (reiteramos aquí que Kitee, la población finlandensa que vio nacer a esta banda en 1996 queda muy cerca de la frontera rusa) oyéndose “The Greatest Show on Earth (Partes I, II y III)”. Para finiquitar el recital se entonó en despedida “Outro Ad Astra”, (Otro hacia las estrellas) dibujándose en la plasma los monumentos mexicanos Palacio de Bellas Artes y el Ángel de la Independencia, fondeándose en una noche de resplandecientes astros.

Culminó así el concierto de hechizos rúnicos luego de dos horas de un show electrizante con una de las bandas insignia del metal sinfónico. Floor Jansen avanzó junto a todo su ensamble a los filos del tablado en agradecimiento. Los deseos nocturnos resultaron complacidos mutuamente para Nightwish y la fanaticada, desapareciendo todos entres la oscuridad de nuestra megalópolis dominguera. Por cierto, Nightwish significa “deseo nocturno”.

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