CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Hacia 1978, Isela Vega dejó la actuación y partió a Los Ángeles, California, dedicándose a “atender varios negocios de su propiedad”. Pero en 1993 volvió a México para protagonizar durante tres meses La Diana Casadera en El Hábito, de Coyoacán, hoy convertido en el Teatro-Bar El Vicio. Fue allí donde el periodista Jorge Pantoja, creador en 1980 del Tianguis del Museo Universitario del Chopo, y editor de la revista Hormigas del Instituto Zacatecano de Cultura “Ramón López Velarde”, entrevistó a la también cineasta, guionista y productora sonorense, fallecida este 9 de marzo a los 81 años. A continuación, un fragmento de aquella entrevista que apareció en el primer número de Hormigas, publicación que tuvo muy corta vida, reproducida aquí con autorización del autor.
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Isela Vega se desnuda, pero sin quitarse la ropa.
Ahora lo hace hablando de las cosas que le preocupan y las que le molestan. Finalmente es un símbolo: para los nacidos en los sesentas, ella representó aquello que sólo era tema de conversación para mayores, nombre en cartelera de espectáculos rigurosa clasificación “C”, objeto de calenturas mentales.
Isela Vega, junto a Sasha Montenegro e Irma Serrano, representaron lo que fue conocido como el destape en el medio artístico mexicano, las tropas de asalto en la batalla de la inclusión de los desnudos…
Jorge Pantoja: --¿Qué encuentras de distinto de aquel tiempo en que estabas metida de lleno en el mundo del espectáculo?
Isela Vega: Más gente --ríe--, está más lleno. No encuentro demasiada diferencia. Como dirían en el espectáculo: siguen igual. De los desnudos y esas cosas. Tú quieres hablar de desnudos. Eso es otra cuestión, yo ya no hago desnudos descarados como los hacía en algunos espectáculos.
- ¿Te tocó abrir brecha?
-Pues sí, claro. Todo a su tiempo.
-¿Qué cambios has notado en la mentalidad de la gente?
- Las modas cambian, pero la mentalidad de la gente cambia en periodos muy largos de tiempo; sólo entonces llegas a notar un cambio.
- En los setentas te tocó representar una postura, y hoy en día se ven cosas más gruesas…
- No sé qué cosas se vean [indiferente], ¿como las noticias? Esas sí son gruesas, las guerras y eso, pero siempre las ha habido. Será que estamos saturados de tanta noticia que nos vuelve insensibles.
- De lo que tú hacías en su momento, teatro, películas, se rompían muchos tabúes. Pero hoy en día, ¡qué no se ve en la tele!
- Las películas que yo hacía pensadas para adultos, y que prohibían en algún lugar de Guanajuato cuando las buenas conciencias salían con pancartas para que no vieran la película, hoy ya son un desayuno de niñas ciegas en comparación de lo que ves ahora. A mí me parece válido todo. Es natural, es evolución, también producto del acceso que tenemos a la información mundial. Es irle ganando a la censura porque las buenas conciencias de Guanajuato evolucionan y ya no se ocupan tanto de esas cosas.
“Pero la censura en otros sentidos sí opera, cómo no. En política se censura demasiado a los periodistas, los matan; como dice Elena Poniatowska: ‘No te hacen nada hasta que te matan’. Ahí no hay evolución, lo veo igual como el caciquismo aquél, en la transición que yo he vivido, lo que he visto. He visto todas las formas de censura, las he vivido”.
Disentir no cambia nada
- ¿Cómo se pueden romper?
- La gente, los individuos sólo pueden modificarse a sí mismos. Cuando muchos individuos tengan conciencia, entonces las cosas cambian, pero no las puede cambiar una sola persona, ni un pequeño grupo, no. Puedes disentir, pero eso no reforma ni cambia nada.
- ¿Pero esas personas no pueden servir de ejemplo para otras?
- ¡Ah, sí, mártires ha habido desde Cristo! Hay una gran parte de la sociedad que es apática, otra que es curiosa, pero eso es por instinto porque no nos enseñan de niños a que seamos curiosos. Nos enseñan a no pensar. Todo está dicho ya: ‘No pienses’ es la norma.
- Se dice que el sacrificio del movimiento estudiantil del 68 permitió cierta apertura --aunque quizá fue solo un pretexto-- en el ámbito político, artístico y cultural.
- Valió la pena el movimiento, la represión fue una injusticia.
“Fue el caciquismo, pero éste existe hoy tanto como entonces. Y puede suceder mañana. Todos los días matan disidentes: cualquiera que no crea en el PRI está en peligro de muerte en este país. Masacran gente por ahí en los pueblos; que aquí no se enteren es porque esas noticias no tienen mucha difusión.
- Volviendo al tema artístico, ¿qué diferencia encuentras entre el ambiente de los sesentas y el de ahora?
- Lo mismo, antes había más cine, nada más. Algunos dicen que es mal negocio, siempre lo han dicho.
- Ahora se habla de un resurgimiento…
- Yo estoy hablando de cientos de películas, como se hacían antes; de una industria. El cine es cuestión de política ahora, un cine auspiciado por el gobierno. Es un cine que nada más representa al país en festivales y ese tipo de cosas. Nada más como una representación.
- ¿Bajo esa dinámica te interesaría trabajar en el cine?
- Si hay una buena película, un buen guión. A mí me fascina, a mí el cine me encanta. Lo que digo es que antes era una industria, ahora no creo que lo puedas llamar así.
“Cuando entré al cine ya no era el esplendor de lo que había sido la industria. Eso fue en los cincuenta; durante la guerra los únicos lugares donde se hacía cine eran México y Argentina, todos los demás estaban peleando. El cine mexicano entró en auge hasta los cincuentas, en los sesentas empezó a decaer”.
- ¿Acabas esta temporada y regresas a Los Ángeles?
- Sí, y luego vengo para acá y así me voy a estar. Tengo muchas amistades aquí, eso lo extraño muchísimo, mi gente. En comparación de Los Ángeles, tengo tranquilidad. Otra cosa: Yo soy muy curiosa. Una vez que ya me aprendo algo, quiero aprender algo nuevo…
“Aquello es algo nuevo, distinto, pero también es divertido estudiarlo, verlo de cerca, otra opción. Hay autores como Raymond Chandler [1888-1959] que me encantan, él nació en Chicago, pero murió en California, era de Hollywood, y escribía aquellas películas que hacía Humphrey Bogart, me ha hecho conocer el pueblo donde vivo, Hollywood, sus calles, sus cosas. Todo es ficción, pero los lugares son reales, así es de bonito. No es un pueblito de Iowa, ¡es un lugar especial totalmente mágico! [emocionada].
“He trabajado ahí y sigo trabajando ahí, ya no haciendo películas porque hubo un momento en que dije: ‘Esto ya es otra cosa, voy a aprender algo más, a ganarme la vida como todo mundo lo hace a ver cómo es. Y sí, me gusta porque es una cosa muy segura, seguridad que el actor nunca tiene porque siempre está esperando para que lo llamen para una película, discutiendo con gente tonta o prestándose a lo que sea porque necesitas conseguir un papel, y cuando una se basta a sí misma no tienes que tolerar nada no jugar al juego que todos juegan. Juego al mío y me encanta así la vida, porque hago lo que quiero”.