CIUDAD DE MÉXICO (apro).- En la lucha fuera de los encordados por el reconocimiento de la lucha libre como un fenómeno cultural --que va desde la visión que le han dado personajes como la fotógrafa Lourdes Grobet y el fallecido cronista Carlos Monsiváis o la intención de crear un museo nacional, impulsada hace unos años por Blue Demon Jr.--, se anota una victoria a su favor al ser declarada Patrimonio Cultural Intangible de la Ciudad de México. En un acto oficial encabezado por el jefe de gobierno José Ramón Amieva, y el secretario de Cultura, Eduardo Vázquez Martín, además del comisionado de Lucha Libre, El Fantasma, el sábado 21 se firmó el decreto de declaratoria, en el cual se considera que este deporte-espectáculo “exige de sus protagonistas conocimiento, técnica, fortaleza física y valor simbólico”. Y aunque la celebración contrastó con el luto que hace unos días vivió la lucha por el fallecimiento del legendario luchador Maximino Max Linares, quien defendió la máscara de El Rayo de Jalisco, la promulgación del decreto se festejó con una maratónica jornada de lucha libre en el Zócalo capitalino. Según información del gobierno de la ciudad, las declaratorias de patrimonio cultural tangible e intangible se expiden en el marco de la Ley de Fomento Cultural, son instrumentos jurídicos cuyo fin es la preservación de bienes, expresiones y valores culturales. Ya han sido declarados el dulce tradicional de amaranto (conocido como Alegría), de Tulyehualco las manifestaciones de los mercados públicos, la representación de la Semana Santa en Iztapalapa, la Orquesta Típica de la Ciudad de México y los Juegos de Pelota de origen prehispánico, por citar unos ejemplos. Los opositores a esta nueva declaratoria podrán argumentar que no es cultura ni deporte, sino un show más cercano a la farsa. Sobre todo, que su preservación no está en riesgo, por el contrario, goza de salud, pues cada día surgen nuevos luchadores, existen empresas promotoras con buenas ganancias y se desarrollan semanalmente las presentaciones en la ciudad y varios lugares del interior del país. En la declaratoria se considera, sin embargo, que la lucha forma parte de las industrias culturales y ha convocado a las clases populares al encontrar formas de expresión y difusión como el cine y otros medios de comunicación. El Fantasma, principal impulsor de esta iniciativa, declaró a la reportera y fotógrafa Cristina Amador, del área de prensa de Lucha Libre AAA Worldwide: “Estuve luchando para hacer esto posible, la gente de cultura inmediatamente se vio muy interesada en este proyecto. Me da gusto que hoy ya podemos gritar que somos cultura.” Por su parte dijo La Parka, miembro de dicha empresa: “Estamos muy emocionados todos los luchadores, por ser un deporte popular a veces no nos toman en serio, pero es una realidad, hoy podemos gritar orgullosamente que somos parte de la cultura mexicana, y de verdad esto lo hacemos con amor. Algunos vamos al extranjero y ahí nos reconocen el arte de luchar, por eso me siento muy contento, decir que la lucha libre es cultura ya no son palabras sino un hecho”. La presidenta de la AAA, Marisela Peña, también expresó beneplácito e hizo ver que no sólo la lucha como un hecho en sí, es cultura, sino todo lo que engloba, como las máscaras y los trajes. En este sentido, para Amieva “la ciudad reconoce y adopta a la lucha libre como una gran expresión cultural que involucra a luchadores, historiadores, cronistas, réferis y a las familias que acompañan día con día a quienes han construido esta gran historia que se ha ido formando como un espectáculo cultural”. Hace tiempo ya que la fotógrafa Grobet, por citar un caso, ha trabajado en su registro de la lucha libre con enfoque cultural. Como resultado de ello, en 2005 publicó Espectacular de lucha libre con Trilce Ediciones, un libro que documenta casi tres décadas de la historia de la lucha en México (desde 1975 a 2003), reseñado en el semanario Proceso el 18 de septiembre de 2005. El texto introductorio es de Carlos Monsiváis La reseña destaca: “El libro sobresale por la misma razón que han destacado las fotografías de la artista: su talento para atrapar y comunicar las circunstancias humanas de la lucha libre, de sus protagonistas y de sus espectadores. El afecto popular, el poder de la máscara y del traje, la pasión del público, la personalidad de las arenas vacías, el ostentoso y sensual gusto de los luchadores, el ostentoso y sobrio gusto de los empresarios, la admiración de los niños y la profunda cariñosidad de las luchadoras, son sólo algunos de los múltiples aspectos del deporte que comparte la fotógrafa.” Un año después, entrevistada por el diario La Jornada, Grobet dijo: “Las luchas son un ritual, un acontecimiento lleno de energía, es lúdico, divertido, catártico… A través de las luchas he aprendido sobre este país”. Nunca habrá un acuerdo entre quienes desprecian a la lucha y quienes la aman, entre quienes consideran que es un show o una farsa y quienes ensalzan su valor como cultura popular o como cultura a secas. Pero por lo pronto ya es patrimonio intangible de esta ciudad.