MÉXICO, D.F. (apro).- Hasta esta redacción llegaron varias muestras poéticas de “calaveritas”. Esas dos, anónimas, fueron seleccionadas: LA LÉIDA CALAVERITA
Pocas veces la Calaca Se llevaba sorpresa tal Ignoraba que cargaba A ese hombre, el más inmortal. “Paradoja literaria”, pensó cuando se enteró “¿Que el muerto no está muerto? ¿Entons qué me voy a llevar?” Y fue entonces cuando Gabo Sonriente se quiso parar Con calma estrujó huesitos Y casi se pone a bailar. A la pobre Madam Muerte La imagen la congeló No porque sienta frío Sino porque nunca imaginó. Tenía frente a ella a Gabito Su preferido escritor, Real, mágico y cachondo, El que le calaba hondo. “¿Cien años de soledad comunes?” Se preguntó entusiasmada Y sin quitar la mirada Del guapachoso escritor. Después le tomó la mano Pero Gabo se la soltó: “¿Pos con qué quieres que escriba?” Reclamó con su negro humor. Y la pobre Calaquita Luego luego se resignó “Es porque me ve flaquita pues yo sé que es querendón”. Y así, muy resignada, Se sentó juntito a él. Ella no deseaba nada, Pero el deseo volvió a crecer. Le pidió su firma al Nobel Y éste aceptó el papel: “A la Catrina querida una flor dibujaré”. Volvió a caer seducida Y lo trató de besar, Pero el Gabo se hizo el loco Y no la dejó avanzar. Fue entonces que la Catrina Ofendida como mujer Cambió su eterna rutina Y lo lanzó al mundo cruel. Hubo fiesta en todo el mundo Por esa resurrección. Lo triste es que es puro cuento Realismo mágico, ficción.
[gallery type="rectangular" ids="386530,386532"] NO SE OLVIDA
En este 2 de noviembre La Calaca se enchiló: “¿Por qué matan jovencitos si no les toca panteón?” Se enojó con el gobierno De este loco copetón, Al que nada lo conmueve, Ni siquiera la Nación. México era pa todos Un lugar lindo y querido, hoy es “CHANGARRO A LA VENTA”, México lindo y qué-herido… Y ya entrada la Catrina Se zampó mil tragos desos, tumbada en una cantina, Que escurrieron por sus huesos. Recordó los buenos tiempos Cuando ella era deseada Porque la gente moría, No porque la mataban. Y llegaron los cantores Pero callados bebieron, Ya no era “Canta y no llores”; “Llora y no cantes”, gimieron. Cada pulque le arrebata Pues le da la temblorina, Tanto muerto le da miedo Hasta a la mera Catrina.