En los últimos tiempos, las estadísticas dicen que las apuestas online son cada vez más famosas en México. Algo que sorprende a buena parte de la población, aunque si analizamos un poco el comportamiento de los aficionados al deporte, tampoco resulta tan extraño. Para entender este fenómeno, el auge de las apuestas online vamos a evaluar cuáles son las razones que han ayudado a su popularización a lo largo de la República, entre las que tenemos desde una legislación adecuada a la tradición del juego en el país.
El auge de las casas de apuestas online
Para que se produzca ese auge de las apuestas en la República es evidente que se necesitan páginas y empresas dedicadas a operar en este tipo de negocios y que funcionen correctamente. La buena noticia es que el gobierno supo en su momento reaccionar con habilidad a las tendencias que ya se veían en otros países del área, estableciendo una legislación reguladora de las apuestas con la que enfocar de forma correcta las operaciones de quienes querían abrir páginas de apuestas deportivas en la nación.
Este extra de seguridad jurídica supuso un aliciente para que grandes operadores del mercado como bet365 México se implanten en el país y empezasen a ofrecer sus servicios de apuestas a los mexicanos. Obviamente, esta llegada masiva de operadores vino acompañada de una serie de acciones de marketing que sirvieron para difundir la existencia de las apuestas deportivas online entre los mexicanos. El resultado de estas acciones es en un incremento considerable tanto de las cantidades jugadas como del número de apostadores del país, con una tasa de penetración creciente a lo largo del tiempo.
Una mayor seguridad
Otra ventaja que trajo la nueva legislación sobre casas de apuestas es la creación de un entorno seguro también para los jugadores. Como buenos mexicanos, somos muchas veces desconfiados y no solemos apostar si no es en lugares que nos ofrezcan ciertas garantías. La llegada de las licencias y un entorno en el que es más seguro realizar apuestas con la tranquilidad de que nuestro dinero no va a desaparecer por el camino. A esta situación también contribuye la Defensoría que la propia legislación establecía, quedaba un estado de tranquilidad a los jugadores a la hora de hacer sus apuestas.
Esta Defensoría actuaba sancionando aquellas páginas que no cumplían con el reglamento o bien las que ejecutaban malas prácticas de cara a lo que la legislación competente indicaba al respecto, respondiendo así a las denuncias de los jugadores agraviados por las malas prácticas empresariales en materia de juego. El resultado es que, al disponer de un entorno mucho más seguro para ejecutar dichas apuestas, estas incrementan especialmente su cuantía y resulta más sencillo que las casas de apuestas ganen cuota de mercado entre los posibles jugadores.
Un gran despliegue de marketing
El tercer elemento de la llegada de las casas de apuestas deportivas a México que influyó de forma especial en que hoy día estas sean tan populares, es el potencial de marketing que las mismas han ofrecido a los clientes. En lo que se refiere a los clientes, este despliegue se basa en una política de bonos muy agresiva e interesante, a través de la cual los nuevos jugadores pueden conseguir incrementos considerables de sus primeros ingresos en cualquier casa de apuestas. A estos bonos de bienvenida se suman también otros que suelen salir al mercado cuando llegan eventos deportivos especiales, para las recargas de los jugadores o incluso en forma de cashback, que devuelven a los apostadores dinero de sus apuestas fallidas.
Respecto a las acciones generales de marketing, el mayor despliegue ha sido el que las casas de apuestas han realizado para patrocinar a una gran cantidad de los equipos de la Liga MX. Aunque es bastante complicado dar con las cifras exactas de a cuánto ha podido llegar la cifra aportada por las casas de apuestas en esos patrocinios, algunos expertos estiman en cerca de 280 millones de pesos la cifra para los 8 equipos principales. Estos equipos serían los siguientes:
Atlas
Xolos
Chivas
Mazatlán
Puebla
FC Juarez
Necaxa
Rayados
A estas cifras de equipos hay que sumar también los patrocinios menores de otros deportes, así como al resto de los equipos de la principal competición futbolística del país. Según los datos vigentes, al momento de redactar esta nota solamente uno de ellos no mantenía una relación de patrocinio para un club de fútbol, lo que demuestra la intensidad y capacidad negociadora de las casas de apuestas a la hora de ofrecer estos patrocinios.
Por la tradición
Si echamos un vistazo a la historia mexicana, vemos como las primeras vinculaciones del juego con la Nación datan de tiempos de los aztecas. Por aquel entonces, se jugaba al Patolli, que los conquistadores españoles denominaron como juego del demonio. Este juego era alguna especie de parchís en el que una serie de figuras se movían a través de un tablero en función de los puntos marcados por un dado.
Desde aquellos tiempos, los juegos de azar tenían una mala imagen en todo el país, estando incluso prohibidos durante buena parte de la historia de la República. Una anomalía que se solventó parcialmente con la Ley Federal de Juegos y Sorteos de 1947, que, sin embargo, no tendría su reglamento aprobado hasta 57 años después.
Esto no ha impedido un desarrollo del juego que se realiza tanto en bares y otros locales similares en forma de apuestas tradicionales, como en peñas y demás asociaciones. Un tipo de juego en el que el deporte ha tenido una considerable importancia, sirviendo los partidos de liga como referencia para resolver las apuestas correspondientes.
Lo que nos demuestra esta breve historia es que el pueblo de México siempre ha apostado y siempre lo va a seguir haciendo por muy complicada que se ponga la legislación. Aunque tal como se está comprobando, porque con el nuevo contexto legal que hemos mencionado, la existencia de un entorno seguro para los jugadores siempre favorece que estos incrementen sus apuestas. Prueba de que muchas veces la mejor forma de luchar contra el juego ilegal no es desde la prohibición, sino la regulación del mismo, lo que beneficia tanto al Estado y a la República como a los participantes en el juego.